Toyota rechazó sus motores, la guerra destruyó su empresa y Honda acabó vendiendo las joyas de su mujer. Después creó el mayor imperio de motos del planeta

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El mayor fabricante de motos del planeta nació literalmente de una empresa destruida y motores reciclados de guerra

John Fernández

La historia real de Honda no se parece en nada a esa típica película de éxito japonesa perfectamente calculada. De hecho, durante años Honda estuvo muchísimo más cerca de hundirse que de convertirse en el mayor fabricante de motos del planeta.

Y todo empezó con una humillación, pues Soichiro Honda no era un empresario elegante ni un ejecutivo brillante, sino que era un mecánico obsesivo, uno de esos tipos incapaces de dejar de desmontar motores aunque no tuviese dinero ni para seguir fabricándolos. Apenas tenía estudios, aprendió prácticamente todo trabajando y con 15 años ya estaba metido en talleres de Tokio mientras el resto seguía en clase.

Honda nació del fracaso

A finales de los años ‘30 diseñó unos anillos de pistón convencido de que Toyota se los compraría. El problema es que Toyota los rechazó porque no cumplían los estándares de calidad.

Y aquí nace realmente Honda, porque aquello le destrozó; algunas historias incluso dicen que los ingenieros se rieron de él. Pero en lugar de rendirse, reaccionó como reaccionan los obsesivos de verdad: trabajando todavía más.

La situación llegó a ser tan absurda que algunas biografías cuentan que terminó vendiendo joyas de su mujer para seguir financiando prototipos y maquinaria. Trabajaba jornadas salvajes, dormía poco y vivía prácticamente dentro de la fábrica intentando perfeccionar piezas que nadie quería comprar.

Y entonces llegó la guerra. Honda había conseguido levantar Tokai Seiki, una empresa dedicada a fabricar componentes. Parecía que por fin empezaba a salir adelante… hasta que Estados Unidos bombardeó Japón durante la Segunda Guerra Mundial y una de sus fábricas quedó destruida.

Pero lo verdaderamente surrealista vino después, porque cuando todavía intentaba reconstruirlo todo, el terremoto de Mikawa de 1945 arrasó otra planta más. Es decir: levantó una empresa, la guerra la destrozó, la reconstruyó y un terremoto volvió a destruirla.

Y aquí viene probablemente la parte más loca de toda la historia: Honda terminó vendiendo lo poco que quedaba de aquella empresa… a Toyota. Sí, a la misma Toyota que años antes había rechazado sus piezas.

Y con ese dinero nació Honda, literalmente. En 1946 creó el Honda Technical Research Institute, el origen de Honda Motor. Básicamente: el mayor fabricante de motos del planeta salió de las cenizas de una empresa destruida.

El contexto además era completamente desesperado porque Japón estaba arruinado tras la guerra: sin combustible, sin infraestructuras, con pobreza masiva y con millones de personas incapaces de comprarse un coche. Sin embargo, Honda entendió algo antes que casi nadie: la gente no necesitaba lujo, sino que necesitaba moverse barato.

Así empezaron a adaptar pequeños motores militares sobrantes a bicicletas… En el fondo, eran soluciones improvisadas para sobrevivir, y precisamente por eso funcionaron.

Ese ADN práctico acabaría definiendo a Honda durante décadas: las primeras motos eran pequeñas, sencillas, fáciles de reparar y pensadas para gente normal. Luego llegó la Dream Type D, y después apareció la moto que cambió la historia para siempre: la Super Cub.

La Super Cub terminó convirtiéndose en la moto más vendida de toda la historia y probablemente en el vehículo motorizado más fabricado del planeta, con más de 100 millones de unidades, pero ni siquiera eso salió bien al principio. Los primeros modelos daban problemas de embrague y Honda tuvo que enviar empleados personalmente a reparar motos porque empezaban a fallar. Incluso el modelo que terminó salvando la compañía nació lleno de problemas.

Y luego llegó otro fracaso enorme: Estados Unidos. Cuando Honda aterrizó allí en los años ‘50 quería competir contra Harley-Davidson, Triumph o BSA vendiendo motos grandes, pero salió fatal. Las motos daban problemas mecánicos y el plan original no funcionaba.

La historia cambió casi por accidente: los empleados de Honda en EEUU empezaron a utilizar pequeñas Super Cub para moverse por ciudad y la gente comenzó a fijarse en ellas. Honda descubrió algo que nadie esperaba: muchos estadounidenses no querían motos enormes y agresivas, sino que buscaban motos fáciles, limpias y prácticas. De ahí nació una de las campañas de marketing más importantes del siglo XX: “You meet the nicest people on a Honda”.

Honda dejó de vender motos como símbolo de rebeldía y empezó a venderlas como algo cotidiano para familias, estudiantes y gente normal. Y ahí cambió el motociclismo para siempre.

Imágenes | Honda

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