Se avecinan los Juegos del Hambre de las motos chinas. Hay tantas marcas que sobran la mayoría, así que van a empezar a cerrar

Demasiadas marcas, precios al límite y una criba inevitable: el boom chino podría acabar en desapariciones masivas

John Fernández

En el mundo de la moto hay una sensación que empieza a sonar cada vez más fuerte: esto ya ha pasado antes… Solo que ahora el foco no está en Japón, ni en Europa, sino en China. Y todo apunta a que el desenlace podría ser muy parecido.

No hace falta decir mucho: en los últimos años hemos asistido a una auténtica explosión de marcas chinas. Han pasado de ser fabricantes discretos, centrados en sus propios mercados locales y en motos básicas, a convertirse en protagonistas en Europa. Están en las ferias importantes, lanzan modelos cada vez más ambiciosos y, sobre todo, compiten con una relación calidad-precio que ha obligado a reaccionar a toda la industria… Pero hay un problema: la sobrecarga.

¿Burbuja de las motos chinas? Ya asoma

El salto en producto es muy evidente. Las motos chinas ya no son de usar y tirar, son modelos de media y hasta alta cilindrada con componentes reconocibles, diseño muy top y una tecnología que, en muchos casos, viene hasta de marcas tradicionales; hasta los motores vienen de marcas de siempre en algunos casos. Pero ese crecimiento tan rápido también tiene una cara menos visible.

El problema no es la calidad (de momento), sino la cantidad. En China hay cerca de 200 fabricantes de motos, entre grandes grupos industriales, marcas privadas y nuevas compañías que nacen con la mirada puesta en Europa o el sudeste asiático, el resultado es un mercado extremadamente fragmentado.

Y aquí es donde el espejo del automóvil articula la idea. En el sector del coche chino (así lo recoge Moto.it) ya se está hablando sin rodeos de una futura selección industrial, incluso desde dentro. El CEO de BYD ha reconocido recientemente que la guerra de precios y el exceso de capacidad van a provocar que muchas marcas desaparezcan porque hay demasiados fabricantes, márgenes cada vez más estrechos y una competencia feroz en tecnología e innovación.

Ahora bien, la moto, aunque juega en otra escala, suele replicar lo que pasa en el mundo del coche, pero con años de retraso. Y, casualmente, lo que estamos viendo ahora encaja bastante bien con ese patrón: proliferación de marcas, expansión internacional acelerada y una presión constante sobre los precios.

En Europa ya estamos viviendo eso de que la presencia China sea cada vez más evidente, y hasta son la alternativa real a marcas tradicionales, de toda la vida. Pero también pasa algo paralelo: que no todas las chinas consiguen consolidarse, y ahí está el ‘quid’ de lo que hablamos.

Porque vender motos es solo una parte del negocio. La otra, mucho más compleja, es construir una red, garantizar recambios, ofrecer un buen servicio posventa y generar confianza a largo plazo. Y ahí es donde algunas empiezan a flojear.

Y si no, un vistazo a la historia: en los años '60 y '70, Japón tenía decenas de fabricantes de motos, hasta Toyota. Con el tiempo, el mercado se encargó de reducir ese número hasta dejar solo a unos pocos gigantes. En Europa ocurrió algo parecido, con muchas marcas desapareciendo o integrándose en grupos más grandes.

La diferencia es que ahora la velocidad ha sido triplicada, y ahora mismo la industria está mucho más conectada al coche. Y si en el coche chino se produce esa criba que muchos analistas anticipan, es razonable pensar que la moto seguirá el mismo camino; no necesariamente al mismo ritmo, pero sí en la misma dirección.

De momento, el mercado sigue creciendo (especialmente en España) y siguen apareciendo nuevas marcas. Pero ya se empieza a intuir la siguiente fase. Una en la que no bastará con ofrecer un buen precio o un producto atractivo.

Imágenes | QJMotor, CFMOTO

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