El fin del “Made in Japan” ya tiene plan secreto: Japón prepara la huida silenciosa de sus motos más míticas a Tailandia

Portada Ninja 26

El problema no es la calidad: el problema es que fabricar deportivas de 600 cc en Japón empieza a ser demasiado caro incluso para Japón

John Fernández

Muchas veces se exagera diciendo que “las motos japonesas ya se fabrican fuera de Japón”, y eso no es exactamente así.

De hecho, si hoy compras una Kawasaki ZX-6R o una Honda CBR600RR en Europa y miras el bastidor, seguirás viendo códigos de fabricación japonesa como “JK” o “JH2”. Es decir: las motos actuales siguen saliendo de plantas históricas como Akashi o Kumamoto... Pero el plan a largo plazo puede ser otro, según fuentes japonesas.

¿Japón ya prepara el relevo?

Y precisamente por eso este tema genera tantísimo debate en Japón, porque lo que llevan años comentando fuentes japonesas no es que el traslado ya se haya completado, sino que las marcas están preparando discretamente el siguiente paso.

Una de las fuentes dentro del mundillo japonés de las filtraciones técnicas y patentes que se dedica básicamente a rastrear movimientos industriales, registros internos, proveedores y documentos relacionados con Honda, Yamaha, Kawasaki o Suzuki cree que están empezando a acelerar el primer paso del fin. El tema de las supersport de 600 cc aparece constantemente porque allí consideran que son el último gran bastión del “Made in Japan” deportivo.

El problema es bastante simple: las 600 de cuatro cilindros ya no venden ni remotamente lo que vendían hace 15 o 20 años; mantener líneas de producción específicas en Japón para motos tan complejas empieza a ser muy difícil de justificar económicamente.

Y ahí aparece China... otra vez. Mientras Japón sigue fabricando motores extremadamente sofisticados y caros, marcas como CFMoto, QJMotor o Kove están entrando fortísimo en mercados internacionales ofreciendo motos cada vez mejores y mucho más baratas.

Eso está obligando a las japonesas a replantearse toda la estructura industrial, y aquí entra otro detalle importantísimo: esto ya ha pasado antes. Honda ya trasladó hace años la producción de modelos importantísimos como la CBR500R o la CBR650R a Tailandia. En su momento también hubo muchísima resistencia entre puristas japoneses que no querían creer que motos deportivas medias dejarían de fabricarse íntegramente en Japón.

Hoy es completamente normal. Y Kawasaki por su parte, lleva años haciendo algo parecido reforzando su enorme planta de Rayong, en Tailandia, además de acuerdos industriales regionales como Modenas en Malasia para ensamblajes destinados a determinados mercados asiáticos.

Es decir: el movimiento industrial lleva años ocurriendo. Lo que pasa es que hasta ahora no había tocado de lleno a las supersport más míticas... el último gran bastión.

Hablemos sobre CKD

Aquí aparece probablemente la palabra más importante de todo este asunto: CKD, o 'Completely Knocked Down'. Es un sistema industrial muy utilizado por fabricantes globales donde las piezas críticas siguen fabricándose en el país original, pero parte del ensamblaje y la producción secundaria se desplaza a otros países para reducir costes y aranceles.

Y eso es exactamente lo que muchos analistas japoneses creen que acabará ocurriendo con las futuras generaciones de 600 cc, porque una cosa es fabricar: motor, electrónica, centralitas, mapas de inyección o componentes clave en Japón... Otra muy distinta es mantener allí cosas como soldaduras, subchasis, inyección de plásticos, logística o empaquetados, incluido el ensamblaje final de las motos.

Es evidente a estas alturas que mover esas fases al sudeste asiático reduce muchísimo los costes sin perder necesariamente el control técnico japonés, y precisamente por eso Tailandia e Indonesia se han vuelto tan importantes; ya no son simples fábricas de scooters baratos como mucha gente todavía cree, sino que son auténticos hubs industriales gigantescos preparados para producir motos complejas bajo estándares japoneses.

Lo curioso es que el problema aquí probablemente no sea técnico, sino emocional, porque las fábricas tailandesas modernas de Honda o Kawasaki llevan años demostrando niveles de calidad altísimos. Muchísima gente conduce motos fabricadas allí sin notar absolutamente ninguna diferencia real.

Pero el “Made in Japan” dentro del motociclismo funciona casi como un símbolo cultural. Muchos esperan que al comprar una Ninja o CBR, compran también una narrativa alrdedor de Akashi o Hamamatsu, sobre los ingenieros Takumi, la obsesión japonesa por la perfección y aquella época dorada de las tetracilíndricas japonesas.

¿Qué pasará? Depende de Japón. Mientras, y gracias a Honda y Kawasaki, podemos seguir disfrutando de sus

Imágenes | Kawasaki, Honda

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