Casi todas las motos del mundo usan el mismo tipo de chasis. Fue idea de un ingeniero español al que tomaron por loco

La mayoría de motos deportivas modernas usan un chasis nacido en España, pero pocos conocen al ingeniero que lo inventó: Antonio Coba

John Fernández

En el mundo de la moto hay autoridades. Y luego está Antonio Cobas. Pero empecemos por lo terrenal, para que muchos entiendan de quién hablamos: si hoy, ahora, en un rato, miras a una superbike moderna (da igual que sea japonesa, europea o hasta china), hay algo que casi todas tienen en común, el chasis de doble viga de aluminio que conecta directamente la pipa de dirección con el eje del basculante.

Pues ese diseño que ves se convirtió hace décadas en el estándar. Lo curioso es que la idea original no salió de Japón, ni de Italia, ni de Alemania, sino de la cabeza de un ingeniero español: Antonio Cobas. Este es un pequeño homenaje para dar a conocer a una de las figuras más importantes del motociclismo ya no nacional, sino mundial.

Antonio Cobas era un autodidacta de manual que revolucionó el motociclismo mundial

Cobas nació en Viladecans en 1952, y es una de esas historias que, personalmente, me recuerda a la de Steve Jobs; de esas que empiezan en un pequeño garaje (o taller) y acaban en el mundo entero. Además, compartía un rasgo fundamental: Antonio era autodidacta, pues no venía de una gran universidad ni de un departamento de ingeniería de una multinacional. Él era muy metódico, y estaba obsesionado con entender cómo funcionaban las motos y cómo podían ir más rápido.

Así que, spoiler, su invento terminó siendo utilizado por prácticamente todos los fabricantes del mundo (no el Deltabox en sí, sino el chasis de doble viga de aluminio), pero su nombre rara vez aparece cuando se habla de las grandes revoluciones técnicas del motociclismo.

Para entender la magnitud de lo que hizo hay que mirar cómo eran las motos antes de los años 80. Durante décadas, prácticamente todas utilizaban chasis tubulares de acero, normalmente de tipo simple cuna o doble cuna. Eran estructuras robustas y relativamente fáciles de fabricar, pero tenían un problema cuando las prestaciones empezaron a crecer: flexaban demasiado cuando aumentaban la potencia, el agarre de los neumáticos y las velocidades en curva.

Y claro, aunque tú te subas y andes en moto, especialmente si entras a circuito, sabrás que el chasis es el gran elemento que define una parte importantísima del comportamiento de una moto. Si la estructura no es suficientemente rígida, la moto pierde precisión en la trazada, transmite peor las reacciones al piloto y empieza a moverse más de lo deseable en frenadas o aceleraciones fuertes. De hecho, en MotoGP tienen muchos problemas a raíz de esto.

Sin embargo, lo que durante años se aceptaba como parte del carácter de las motos, Cobas empezó a verlo como un problema de ingeniería que podía resolverse. Y lo hizo.

La clave de este chasis fue romper con todo lo que estaba establecido hasta el momento

El enfoque del español era diferente al habitual en el motociclismo de la época. Pero para entender esto, primero hay que conocer parte de su historia. Antes de centrarse en las motos, había trabajado en el mundo del automóvil, participando en proyectos de competición como la Fórmula 1430. Allí había aprendido algo fundamental: la importancia de la rigidez estructural y del control de las fuerzas que actúan sobre el vehículo. Mientras que en los coches ese aspecto llevaba años estudiándose a fondo, en las motos todavía se seguían utilizando soluciones heredadas de décadas anteriores.

Así que a finales de los ’70 empezó a trabajar en una idea radicalmente distinta: en lugar de construir un entramado de tubos alrededor del motor, Cobas planteó una estructura que conectara lo más directamente los dos puntos donde se concentran las mayores cargas de una moto: la pipa de dirección y el eje del basculante (de ahí la referencia inicial). Su idea fue colocar dos grandes vigas laterales que formaban una estructura perimetral rígida y muy eficiente desde el punto de vista estructural.

Evidentemente, eso tuvo consecuencias, y muchas. A nivel dinámico, era una enorme mejora en la rigidez torsional del chasis, algo clave cuando la moto entra en curva a alta velocidad. La segunda era una transmisión mucho más directa de las fuerzas generadas por la frenada, la aceleración y el apoyo lateral. Y la tercera era el comportamiento en pista: la moto se volvía más precisa, más estable y permitía mantener velocidades de paso por curva más altas.

Pero el punto clave era que el motor dejaba de ser un simple componente colgado dentro del chasis… Con la idea de Antonio, pasaba a formar parte estructural del conjunto. Traducido: que el chasis era más rígido.

Claro, imaginemos en esa época que alguien llega, cambia todo y de repente, funciona mil veces mejor. En su día sonó ilógico, pero rompió décadas de tradición. Así que empezó a aplicar estas ideas en sus propias motos de carreras. Así nació a finales de los ’70 la Siroko; después la Kobas… Motos construidas por él que empezarían a correr en el Mundial, y a llamar mucho, pero mucho, la atención.

Su particular obra de arte tomaría forma definitiva en los ’80, y sería la creación de JJ Cobas junto a Jacinto Moriana, otro español, y, citando a la descripción que hace el mismísimo Dennis Noyes de él, “un mango sin el que Antonio Cobas nunca hubiera sido lo mismo”. Pues con aquella estructura empezaron a fabricar motos capaces de plantar cara a los grandes, hasta el punto de que grandes pilotos como Sito Pons, Carlos Cardús o Joan Garriga pasarían por aquellas motos… Y lo más importante: demostraban que la idea de Cobas funcionaba.

La paradoja de Cobas: todas las marcas mundiales de moto ‘copiarían’ su idea

La gran paradoja es que el concepto de chasis que había desarrollado terminaría popularizándose cuando las marcas japonesas lo adoptaron y lo llevaron a la producción en serie. Yamaha fue una de las primeras en hacerlo en los años ‘80 con sus motos deportivas de dos tiempos, y decidió bautizar aquel diseño como Deltabox (delta por su forma triangular, y box por lo de la palabra caja, debido a la sección transversal rectangular de sus vigas). El nombre se hizo famoso rápidamente y desde entonces quedó asociado a la filosofía de chasis de la marca. Pero detrás, siempre quedaría inherente, para quienes lo conocen, el nombre y apellidos de este ingeniero.

Yamaha fue la gran pionera… En copiar. En cierto modo es triste, pero es así. Cobas no fue el padre del archiconocido Deltabox, sino que es simplemente una ‘copia’ del chasis de doble viga de Cobas. La TZR250 de 1985 fue la primera moto en equiparlo (previamente ya lo habían hecho en la YZR500 OW61 de 1982 pilotada por Kenny Roberts). Aquella lo democratizó y el invento dura hasta hoy. De hecho, en pleno 2026 es la columna vertebral de la identidad deportiva de los de Iwata: ¿te suenan las R1, R9 o R6? Pues eso.

Y es que, con el paso de los años, prácticamente todos los grandes fabricantes acabaron siguiendo el mismo camino: Honda, Suzuki, Kawasaki, Ducati, Aprilia y hasta BMW desarrollaron sus propias versiones de chasis perimetrales de aluminio basados en el mismo principio: conectar de forma lo más directa posible la pipa de dirección con el eje del basculante para maximizar la rigidez y el control del comportamiento dinámico. Hoy es el estándar. Un día fue una idea loca de un español.

Hasta los ingenieros japoneses pedían consejo a Antonio Cobas

Sin embargo, su talento no se limitaba a los chasis. Tal es así que Cobas también fue uno de los primeros en experimentar con carenados fabricados en fibra de carbono en competición, trabajó en sistemas de suspensión progresiva y fue pionero en el uso de telemetría para analizar el comportamiento de las motos en pista. En una época en la que el análisis de datos apenas empezaba a introducirse en el motociclismo, ya entendía que medir lo que ocurría sobre la moto era clave para mejorar su rendimiento.

Ya sabemos que los japoneses son meticulosos, y que revolucionaron la industria en su día. Pues antes de todo eso, hasta los ingenieros de las marcas niponas acudían a Cobas como fuente de sabiduría para entender mejor cómo mejorar el rendimiento de sus motos. La palabra genio, en nuestros días, se quedaría corta para este hombre.

El mundo nos quitó demasiado pronto a Antonio. Cobas falleció en 2004 a los 52 años de edad, pero lo más importante es que dejó un legado completamente vivo hasta hoy, incluso. Pero de seguir vivo, ¿qué más habría hecho Antonio; qué habría conseguido; qué nos habría regalado? Las comparaciones son odiosas, pero Gigi Dall’Igna y sus invenciones técnicas y tecnológicas serían un postre en comparación con lo que, seguro, Antonio nos habría regalado hoy, que habría cumplido 74 años.

Imágenes | Archivo Motoworld

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