Los neumáticos de motos antiguas eran blancos, pero no por diseño. Fue un error técnico que se convirtió en icono retro

Las bandas blancas no fueron un diseño intencionado, sino una solución industrial previa al uso generalizado del negro de carbono

John Fernández

Seguro que alguna vez has visto, si no en persona, en algún vídeo viejo, motos cuyos neumáticos tienen una banda blanca. Da la sensación que son un guiño estético al pasado, pero nada más allá de la realidad, era por ahorrar dinero, literalmente.

Pero su origen es bastante menos romántico de lo que parece y tiene más que ver con química, costes industriales y limitaciones técnicas que con una decisión de diseño consciente.

Dinero y una cuestión estética, principales factores

Lo primero que conviene aclarar es que, en realidad, los neumáticos no nacieron negros como los ves. Todo lo contrario. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando empezaron a generalizarse, eran completamente blancos o de un tono gris muy claro.

El motivo es simple de entender: el caucho natural es claro por naturaleza y, además, para vulcanizarlo se añadían azufre y óxido de zinc. Este último no solo hacía posible el proceso, sino que blanqueaba aún más el material. El resultado eran neumáticos claros, poco duraderos y especialmente vulnerables al mal estado de las carreteras de la época.

El gran punto de inflexión llegó con la introducción del negro de carbono. Este aditivo, que hoy damos por hecho, pero que no, supuso una revolución: reforzaba la estructura molecular del caucho, aumentaba de forma notable su resistencia al desgaste y multiplicaba el kilometraje. El problema era que, a principios del siglo XX, producir negro de carbono de calidad era caro. Carísimo.

Por eso los fabricantes optaron por una solución intermedia: solo las partes realmente críticas, es decir, la banda de rodadura, se fabricaban en negro. Los flancos seguían siendo blancos. Así, lo que hoy llamamos “neumático de banda blanca” era, en realidad, un neumático negro con laterales claros por pura economía industrial.

Con el paso de los años y la mejora en los procesos de producción, el negro de carbono se abarató y empezó a utilizarse en todo el neumático. Los flancos blancos desaparecieron casi por completo… Hasta que en los años ‘30 regresaron, esta vez como un elemento aspiracional. Marcas como Ford los ofrecían como un extra de lujo en los coches y quien quería neumáticos con banda blanca tenía que pagar más. Ya no eran una consecuencia técnica, sino más bien una elección estética.

Ese resurgir tuvo letra pequeña, pues las franjas blancas se fueron estrechando porque complicaban enormemente la fabricación de neumáticos, cada vez más automatizada. Además, el caucho blanco seguía teniendo desventajas claras frente al negro. En un contexto de coches y motos cada vez más potentes, cada vez había más exigencias en cuestión de frenadas y deformación del neumático, y claro, el material blanco ofrecía peor resistencia. A eso se sumaba otro problema nada menor: el envejecimiento. La suciedad, el polvo de freno y la reacción con el ozono hacían que el blanco amarillease con el tiempo, perdiendo rápidamente su atractivo visual.

El resultado fue previsible: a medida que las prestaciones pasaron a ser prioritarias frente a la estética, los neumáticos de banda blanca fueron desapareciendo del mercado generalista. Sobrevivieron únicamente en nichos muy concretos: vehículos clásicos, modelos de inspiración retro y algunas motocicletas que buscan deliberadamente una imagen anclada en otra época, como ciertas Harley-Davidson actuales o incluso algunas Indian.

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