La Montesa Impala, la moto española que nació en un legendario viaje a África y se acabó vendiendo como churros

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Aquella aventura cambió para siempre la historia de Montesa y dio nombre a una de las motos más importantes fabricadas en España

John Fernández

Finales de los '50, una época tenebrosa y delicada para Montesa, una de las marcas históricas que ha dado la industria española. España empezaba a mirar al coche como símbolo de progreso, y el mejor ejemplo era el SEAT 600, que se multiplicaba. ¿Qué pasaba, al mismo tiempo? Que las motos dejaban de ser un vehículo tan popular.

Montesa, que andaba en vacas flacas, ordenó a Leopoldo Milá diseñar una moto moderna, fiable, económica y capaz de convencer a esa generación perdida de usuarios. Así nació la moto española que cruzó África.

Una moto sencilla, pero adelantada a su tiempo

Montesa ya no era la gran marca que fue; unos años antes, en 1958, Pere Permanyer y Paco Bultó protagonizaron una ruptura que acabó saldándose con el nacimiento de Bultaco (que ha revivido este 2026, por cierto) y una fuga de técnicos importantes, dejando a la marca catalana obligada a reorganizarse.

Así que Milá fue el encargado de hacer una moto que devolviese la gloria perdida a Montesa. ¿Qué hizo? Empezar a construir una moto prácticamente desde cero.

Lo que acabó construyendo fue una moto ligera, compacta y relativamente avanzada para la industria española de la época. Aquella moto estrenaba un motor monocilíndrico de dos tiempo y transmisión por engranajes, un cambio de marchas desarrollado de cero y unas cuantas soluciones técnicas que simplificaban el mantenimiento y aumentaban la fiabilidad de la moto; dos puntos fuertes que Montesa tenía que mejorar sí o sí.

Era tan particular que hasta su característico depósito respondía a una razón práctica: la parte inferior, que era plana, era mucho más fácil de fabricar y reducía costes. Curiosamente y con el tiempo, nadie entonces imaginaba que aquella forma acabaría convirtiéndose en una de las señas de identidad más reconocibles de la moto española.

Todo esto sobre el papel, pero, ¿la realidad? Había que saber venderla y demostrar que realmente era tan resistente como prometían sus ingenieros. Así nació la Operación Impala.

La Operación Impala: 20.000 kilómetros para demostrarlo

Fue en el año 1961 cuando surgió esta concreta idea: el aventurero Oriol Regàs propuso a la marca atravesar África con los prototipos de la Impala para demostrar que era tan resistente como decían. Como la marca estaba tan segura de su éxito, aceptó.

Así que la expedición partió de Ciudad del Cabo unos meses después, en enero de 1962. Eran tres Impala de 175 cc todavía en fase de desarrollo y el objetivo era llegar hasta Túnez atravesando desiertos, pistas de tierra, caminos imposibles y miles de kilómetros sin asistencia mecánica real.

100 días, 20.000 kilómetros y cruzar Sudáfrica, Kenia, Etiopía, Sudán y Egipto antes de alcanzar el Mediterráneo era el objetivo. Lo mejor de todo es que lo hicieron prácticamente sin averías mecánicas importantes; la prueba que Montesa necesitaba.

Así, tras 100 días y 20.000 kilómetros, los probadores fueron recibidos como auténticos héroes. En su día la repercusión fue enorme en periódicos, revistas e incluso en los noticiarios de la época. No hubo mejor campaña publicitaria posible...

Tanto éxito tuvo que la moto cambió hasta de nombre; el proyecto había nacido como Montesa 175 Turismo, pero desde entonces pasó a llamarse Impala, en homenaje a los veloces antílopes africanos que los expedicionarios vieron durante el viaje. Así, llegaría oficialmente en junio de 1962.

Su éxito no era solo una campaña: pesaba apenas 95 kilos para los 100 km/h que alcanzaba y, su mayor baza era que era buena prácticamente en todo: trabajo, viajes de fin de semana, pasajeros, y hasta competir.

Montesa aprovechó aquella base para desarrollar una familia completa. Llegaron las versiones Comando, Sport, Kenya y posteriormente las variantes de campo que acabarían dando origen a algunas de las motos más famosas de la marca. Fue tan importante que su motor y chasis sirvieron como punto de partida para otras tantas motos de la marca como las futuras Cross, Enduro, Texas y la Trial.

Hasta que su producción terminó a finales de los años '70. Regresó brevemente en los '80 bajo el nombre de Impala 2, y desde entonces, guarda el nombre de mito.

Imágenes | Montesa

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