El garaje de motos de Neymar está lleno de superbikes japonesas carísimas. Lo mejor es que le han caído de rebote

Poner precio a las motos del garaje de Neymar: iconos de los 90, algo de coleccionismo y bastante realidad de mercado

John Fernández

El garaje de Neymar ha circulado por internet como una de esas colecciones de coches imposibles, una alineación de todo tipo de máquinas raras... Que incluye hasta el coche de Batman, el Batmóvil, literalmente.

Pero lo que no muchos conocen es su colección de superbikes japonesas de los '90, alguna italiana de culto y varias leyendas de la velocidad punta. La imagen es potente. Pero la historia real es bastante más interesante que el tópico del futbolista comprándolo todo a golpe de talonario.

¿Cuánto vale hoy el garaje de Neymar? Una suma menos extravagante de lo que parece

Cuando Neymar regresa a Santos, la operación inmobiliaria que cierra no es una compra al uso. La casa se negocia en régimen “porteira fechada”, una fórmula muy habitual en Brasil que implica que todo lo que hay dentro pasa a formar parte del trato. Muebles, objetos… Y, en este caso, una colección completa de motos perteneciente al propietario anterior, un empresario vinculado al mundo de la moto. El garaje no se vacía. Se queda exactamente como estaba.

Eso explica por qué, cuando el propio Neymar enseña sus motos en redes sociales, el tono es casi de descubrimiento. No hay discurso preparado ni enumeración de cifras: simplemente abre la puerta y muestra lo que hay. Y lo que hay es, objetivamente, muy serio.

La primera YZF-R1 es uno de los grandes iconos de finales de los '90. Pues Neymar la tiene en casa. Por concepto, por cómo comprimió el motor en el chasis y por cómo entregaba potencia en una época en la que eso no era lo normal. Hoy ya juega claramente en terreno youngtimer. En Europa, una unidad correcta y original suele moverse entre 6.000 y 10.000 euros, mientras que ejemplares muy poco rodados y en estado casi de museo pueden escalar muy por encima. No se compra solo para correr: se compra por lo que representa.

Cuando se habla de ZX-7, casi siempre se está hablando de la ZX-7R, y en el mejor de los casos, de una ZX-7RR. La Kawasaki verde del Mundial de Superbikes, pesada, radical y muy sensible al estado y a la originalidad... Pues también tiene una.

Sí, también tiene una 919RR. Lo lógico es que se trate de la CBR900RR FireBlade SC33. La Blade de la ligereza, del concepto original de Tadao Baba, previa a la escalada de potencia y electrónica. Hoy se compra por lo que simboliza. 

Suzuki GSX-R 750. Aquí el año lo cambia todo. No vale lo mismo una SRAD de finales de los '90 que una de las primeras slabside de los '80 o una K1/K2 de los 2000. Como referencia útil: las GSX-R 750 noventeras normales suelen moverse entre 2.500 y 5.000 euros; las primeras generaciones bien conservadas ya se sitúan claramente más arriba. Es una saga con mucho peso histórico y un mercado muy fragmentado... Y ahí la tiene parada, de exposición.

Ojito a la MV Agusta F4 750. La F4 750 es diseño antes que números. Tamburini, cuatro escapes bajo el colín y una presencia que sigue funcionando décadas después. No es una moto barata de mantener, pero sí muy sensible al estado.

Yamaha R1 2003. La segunda generación de la R1 es la que muchos consideran la madura: más afinada que la original, todavía sin la capa electrónica moderna.

Honda CBR Repsol 2007. Todo apunta a la CBR1000RR Repsol SC57. Muy buscada por decoración y por ser una superbike todavía bastante analógica. En Europa, una buena unidad suele moverse entre 15.000 euros, con picos claros si el kilometraje es bajo y el estado roza lo impecable.

La leyenda. La Honda CBR1100XX Blackbird. Leyenda de velocidad punta y sport-turismo rápido antes de que existiera ese término tal y como lo entendemos hoy. Hay muchas unidades de uso y pocas realmente de colección... Y la de Neymar es una de ellas.

Kawasaki ZX-11R (ZZR1100), precisamente esta es la rival directa de la Blackbird en la guerra de los '90. Esas del pacto de caballeros. Mismo planteamiento: muchísimas motos devoradas por kilómetros y unas pocas que sobreviven en buen estado. En términos de mercado, cifras similares: 2.500–5.000 euros para unidades sanas y documentadas.

Sí, tiene una R1 del 2016. Nuevecita. Aquí ya hablamos de la R1 moderna, con motor crossplane y electrónica avanzada. El precio depende mucho de la versión y del estado. Una R1 estándar de 2016 suele moverse entre 11.000 y 19.000 euros.

Si se dice simplemente Ducati Senna, lo lógico es pensar en una 916 Senna. Edición limitada, aura total y coleccionismo puro. En Europa, una horquilla realista hoy va de los 18.000 a los 45.000 euros, con cifras todavía mayores para unidades extremas, con kilometraje ridículo y conservación perfecta.

Si se ponen todos esos números sobre la mesa y se hace una suma conservadora, el valor conjunto del garaje se mueve hoy, en mercado europeo realista, la cifra podría escalar sin demasiada dificultad por encima de los 160.000–180.000 euros, con la Ducati Senna y la R1 de 1998 como principales catalizadores. No es un garaje astronómico al estilo de un jeque, pero sí una colección muy coherente de iconos deportivos que hoy ya no se compran solo para rodar.

Lo mejor de todo es que ni siquira las habrá rodado, porque venían como parte de la colección de la casa.

Imágenes | Honda, Kawasaki, Ducati, Suzuki

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