Pesada, carísima y adelantada a su tiempo, la única moto de Van Veen acabó siendo un fracaso comercial y un mito absoluto
Existía una marca de motos alemana que solo hizo una moto. Una sola. Y aun así se atrevió a jugar en una liga donde ni BMW tenía nada parecido. Se llamaba Van Veen y su única creación fue la OCR 1000, una superbike extraña, pesada, carísima y absolutamente fascinante, impulsada por un motor Wankel cuando casi nadie se atrevía a apostar por él.
Ahora, una de esas rarísimas Van Veen OCR 1000 va a salir a subasta. Será a finales de enero de 2026, en Las Vegas. Y no estamos hablando de una moto exótica más, sino de una auténtica anomalía histórica: solo se fabricaron 38 unidades entre 1976 y 1978. Ni series especiales, ni reinterpretaciones modernas. Solo eso. Y punto.
La superbike alemana con motor Wankel que se atrevió a ir más lejos que BMW
Detrás de la OCR 1000 estaba Henk Van Veen, importador de los ciclomotores Kreidler y piloto de carreras, que decidió ir un paso más allá cuando el motor rotativo aún parecía el futuro. Aunque la empresa era alemana, el proyecto tenía aroma europeo por los cuatro costados. El corazón de la moto procedía de Comotor, la joint venture creada por NSU/Audi y Citroën para desarrollar el Wankel, con la colaboración de Porsche en la adaptación mecánica. Nada mal para una marca que solo iba a fabricar una moto.
El motor era un Wankel de dos rotores, 996 cc en total, refrigerado por agua y con los rotores refrigerados por aceite. De ahí las siglas OCR, Oil Cooled Rotors. Entregaba 100 CV a 6.500 rpm, una cifra muy seria para mediados de los setenta, pero lo realmente llamativo era el par: 135 Nm a apenas 3.000 rpm. Un dato que todavía hoy impresiona y que explicaba su carácter tan poco convencional. Suave, lleno desde abajo y con una velocidad punta que superaba los 200 km/h cuando eso aún era terreno de muy pocas motos.
El problema, como casi siempre, fue todo lo demás. La Van Veen OCR 1000 pesaba más de 300 kilos en orden de marcha, tenía transmisión por cardán, una caja de cambios de solo cuatro marchas y un precio absolutamente desorbitado para la época: entre 24.000 y 28.000 marcos alemanes. Demasiado cara, demasiado rara y demasiado adelantada a su tiempo. El resultado fue un fracaso comercial inmediato y un mito a largo plazo.
La unidad que se subasta ahora es una OCR 1000 de 1978, con pintura original negra y verde, signos leves de uso y algo menos de 9.000 kilómetros en el marcador. Durante años formó parte de la colección de Sam Costanzo en Ohio, especializada precisamente en motores rotativos. Un detalle que ya dice bastante sobre el tipo de moto que es.
El chasis no era menos serio: doble cuna de acero, basculante de aluminio con doble amortiguador, horquilla telescópica convencional, llantas de aluminio fundido y doble disco delantero. Una superbike a la europea de los años '70, pensada para devorar autobahn más que para enlazar curvas, con un depósito de 22 litros que dejaba claro que el consumo no era una prioridad.
Hoy, la Van Veen OCR 1000 sigue siendo una rareza incluso dentro del mundo Wankel. Hubo motos rotativas de Suzuki, Norton o Hercules, pero ninguna jugó tan fuerte ni tan arriba como esta. Y probablemente por eso sigue resultando tan hipnótica: porque fue un todo o nada absoluto. Una moto única, de una marca que solo existió para demostrar que otra forma de entender una superbike era posible. Aunque el mundo no estuviera preparado para ella.
Imágenes | Mecuum
En Motorpasión Moto | El baratísimo y fácil truco para hacer que tu moto acelere mucho más bestia sin tocar el motor que te lleva media hora
Ver todos los comentarios en https://www.motorpasionmoto.com
VER 0 Comentario