El Vespino, un icono a pedales de España que batió récords Guinness con solo 3 CV y sigue arrasando de segunda mano

El Vespino es uno de esos iconos que representa a España. Periódico. Sí o sí. Irrefutable. No hay duda. Ese pequeño y juguetón ciclomotor fue el vehículo que hizo a los adolescentes soñar, que movió a los mayores por poco dinero, que creó una auténtica cultura del movimiento sin carnet, y que hoy en día, es objeto de deseo.

Su historia es eminentemente española, y su éxito solo se explica de una manera: estuvo casi 30 años en servicio, y con las modificaciones justas y necesarias. El icono de rueda grande logró hitos y proezas como el de viajar de una punta a España a otra en 24 horas, y entró en el Libro Guinness de los récords.

Sus motores monocilíndricos iban desde los 2,2 a los 3,8 CV

Hubo una época en la que libertad no era igual a velocidad. En la que la movilidad era sencilla, ni siquiera necesitabas un carnet ni un casco, y todo el mundo parecía feliz. Era finales de los años '60, y un salmantino tuvo la culpa de ello.

Un 19 de febrero de 1968 la historia de las dos ruedas cambió para siempre. Al menos en España. Un mito acababa de nacer cuando Vicente Carranza creó oficialmente el Vespino que se resume muy bien en su frase estrella: "Tuvo éxito porque supimos escuchar a la gente". Y qué gran verdad.

En aquel año pasaron cosas increíbles como el Apolo 8, la primera misión que llevó a los humanos a la luna. También mataron a Martin Luther King y Robert Kennedy; la Primavera de Praga o el comienzo de la guerra de Vietnam. En España la situación política era difícil, y el parto del Vespino sucedió entremedias.

Era la moto que pegaba a todo el mundo. Hippies, trajeados, adolescentes, mayores, daba igual porque todos querían uno. Ahora, 56 años después y a punto de llegar a la edad de jubilación es objeto de deseo de coleccionistas. Yo tengo uno, que ya me costó lo suyo conseguir.

Era la prueba de que con poco era feliz. Naturalmente tiene mucho que ver con la Vespa, pero a la española. El mítico Enrico Piaggio empezó a vender licencias de la Vespa por todo el mundo, y en España acabó recayendo un acuerdo con el Instituto Nacional de Industria (INI). Entonces nacía Moto Vespa S.A., como una alternativa barata a las Vespas, y su producción era eminentemente española, en la Ciudad Lineal de Madrid.

Llegó la primera versión, con un simplísimo motor patentado en España pero también derivado de la Vespa italiana. Todos eran monocilíndros de 50 cc, con un diámetro del cilindro de 38,4 mm, con una carrera del pistón de 43 mmm y depende del modelo, la potencia iba desde los 2,2 hasta los 3,8 CV.

La patente lo explicaba todo: "La presente invención se refiere a un nuevo sistema de transmisión de la potencia del motor y de los pedales de un ciclomotor a su rueda motriz. Se caracterizan por estar situados los órganos de transmisión a un mismo lado del vehículo, alojados en un cárter único que sirve de protección de los mismos y asegura el único soporte oscilante de la suspensión de la rueda trasera".

Éxito asegurado, prueba de ello: las versiones, que no fueron pocas. La primera se llamó Vespino, a secas. Luego empezaron a llegar un porrón de ellas: la L, el GL, el Super Confort (SC) el GS (la versión lujosa), los AL y ALX con intermitentes y luces de reserva, el GL, el NL, el Velofax y el último de una estirpe, el F18.

El Vespino ha sido icono español, y se lo ha ganado a pulso. Creó una nueva forma de aventura que llevó curiosamente al ciclomotor al Libro Guinness de los récords. El motivo fue un viaje entre San Sebastián y Sanlúcar de Barrameda en tan sólo 24 horas. Pero también otras tantas, como viajar de Madrid hasta Moscú para las Olimpiadas o el mítico viaje a Cabo Norte pasando el Círculo Polar Artico. Sí, el Vespino era todo un embajador.

Busca uno de segunda mano, y entenderás que están muy valorados, y son el objeto de deseo de muchos coleccionistas. Su precio no baja de los 400 euros, que para un vehículo así con varias décadas a la espalda no es barato. Sin embargo, tener uno es sinónimo de atraer miradas.

Las asociaciones del Vespino siguen más vivas que nunca. Muchas de ellas no solo siguen haciendo concentraciones, sino que organizan rutas por todo España con sus ciclomotores de 50 cc. ¿El único fin? Pasárselo bien sobre una moto con varias décadas a la espalda.

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