Usar tapones específicos reduce el daño auditivo sin aislar del tráfico y evita problemas como tinnitus o pérdida de oído a largo plazo
Durante años se ha señalado al escape como el gran villano de la audición en moto. El rugido, las vibraciones, los decibelios declarados en ficha técnica. Todo eso influye, sí, pero no es lo que más castiga el oído del motorista. El verdadero problema llega cuando la moto empieza a rodar y el viento entra en juego.
A partir de unos 50 km/h, el flujo de aire alrededor del casco genera un ruido constante que se cuela por rendijas, ventilaciones y zonas mal selladas. No es un estruendo puntual, es un silbido continuo. Y ahí está la trampa. A 80 km/h ya se alcanzan niveles claramente perjudiciales para la audición. A 100 km/h se superan los 95 decibelios. A velocidades sostenidas de autovía, 120 o 130 km/h, ese ruido puede acercarse o incluso superar los 100 dB.
Tapones: la precaución que casi nadie usa y que marca la diferencia
No duele. No molesta de forma inmediata. Por eso es peligroso. El daño auditivo no avisa como una caída o un latigazo cervical. Se acumula kilómetro a kilómetro. El pitido al quitarte el casco, la sensación de oído taponado o la dificultad para seguir una conversación al final del día son las primeras señales. Cuando se repiten, el proceso ya está en marcha.
Aquí viene la parte incómoda: el casco, por sí solo, no basta. Incluso los integrales de alta gama dejan pasar niveles de ruido que, mantenidos en el tiempo, superan lo considerado seguro para la audición. Especialmente en trayectos largos o en uso diario.
La solución es tan simple como poco utilizada: tapones para los oídos específicos para motoristas. No son los tapones de espuma de obra ni te aíslan del mundo. Están diseñados para filtrar las frecuencias más dañinas, reducir los picos de ruido del viento y del motor y mantener la percepción del entorno. Se sigue oyendo el tráfico, las sirenas, el intercomunicador o incluso la propia moto, pero sin castigar el oído.
Hay modelos universales y opciones a medida que se adaptan al canal auditivo y permiten llevarlos durante horas sin molestias. La diferencia se nota rápido. Menos fatiga, más concentración y, al final del día, silencio en lugar de pitidos.
Resulta paradójico que se discuta con pasión sobre DB-killers, escapes homologados o límites de ruido exterior, mientras se ignora el mayor agresor auditivo del motorista, que actúa puertas dentro del casco. Proteger el oído no es exagerado ni resta disfrute. Es una cuestión de salud a largo plazo.
Igual que nadie cuestiona hoy el uso del casco, la protección auditiva debería formar parte del equipamiento básico. Porque la moto no tiene por qué dejarte sordo. Pero el viento, si no haces nada, sí acaba pasando factura.
Imágenes | Arai
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