Aprender a modular el pedal derecho marca la diferencia en curvas, bajadas, arranques en cuesta y frenadas de emergencia, incluso con electrónica
Hay una generación entera que ha aprendido a frenar la moto apretando solo la maneta derecha. Normal: las motos actuales frenan como si hubieran clavado un ancla y la electrónica corrige casi todo. ABS, IMU, frenada combinada… Parece que el pedal derecho de freno está ahí por tradición, como el caballete central en una deportiva.
Pero no. El freno trasero es el gran olvidado en 2026... Y ojo, que cada uno tiene su manera de montar, y aprender, y no existe una verdad ni técnica absoluta. Pero es la percepción que tengo cuando monto con otros; y el freno trasero, como gran defensor de él que soy, es la herramienta de control más fina que existe.
No frena tanto, pero truco: equilibra mucho
Es un hecho que el freno delantero es el rey de la desaceleración; todo el mundo lo utiliza, y es indiscutible por motivos técnicos obvios. En una frenada fuerte, el grueso se lo lleva la rueda delantera porque el peso se desplaza hacia delante y aumenta su agarre. Bien; innegable, como decía.
Pero... ¿Y el trasero? Pinta más de lo que parece porque, primero, aporta una parte menor de la potencia total de frenado, sí, pero su función principal no es detener la moto por sí solo, sino estabilizarla. Cuando pisas ligeramente el pedal antes o a la vez que accionas la maneta, ayudas a "sentar" la moto, a controlar la transferencia de masas y a evitar que el tren trasero se vuelva ligero demasiado rápido
Y créeme que ese pequeño gesto marca la diferencia entre una frenada limpia y una moto descompuesta.
Una secuencia muy eficaz en carretera, por ejemplo, es iniciar con una presión suave atrás y, de inmediato, cargar delante con progresividad. Notas que la moto se aploma, el chasis trabaja más equilibrado y el conductor gana margen.
¿Dónde es especialmente eficaz? En curvas lentas, horquillas o giros muy cerrados, un toque sutil al freno trasero ayuda a cerrar la trayectoria sin necesidad de cortar gas de forma brusca. La rueda trasera se frena ligeramente, la moto se compacta y la dirección se vuelve más precisa.
Ahora ya ves que no sirve tanto para frenar, sino para equilibrar; ahí está la clave del freno trasero que, además, exige sensibilidad. No es que pises y venga el milagro; hay que modular, y con cierta distancia, además. Bien hecho, el trasero actúa casi como un control de tracción mecánico porque contiene excesos, estabiliza y te da confianza a la salida.
En bajadas largas y prolongadas también es tremendamente útil, pues todo el peso de la moto se va hacia delante. Si abusas de la manetas, fatigas frenos, neumáticos y hasta tus propios brazos. Una presión modulada en el trasero ayuda a mantener la estabilidad y no sobrecargar la rueda delantera.
La pregunta es. ¿y con tanta ayuda electrónica? Pues precisamente por eso. Las motos actuales son más indulgentes que nunca: ABS en curva, plataformas inerciales, frenadas combinadas… Pero nada de eso elimina la necesidad de saber qué estás haciendo con el pie derecho.
El freno trasero no es un recurso secundario ni un apoyo ocasional. Es una herramienta de precisión que, bien usada, hace tu conducción más suave, más estable y más segura. No se trata de pisarlo por costumbre ni de ignorarlo por comodidad, sino de integrarlo con naturalidad.
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