Troy Bayliss, el último gran campeón de las Antípodas

Hace días muchos auguraban una vuelta fulgurante de Valentino Rossi a las pistas. Que ni su hombro dañado ni su escasa experiencia con la Ducati Desmosedici GP11 podrían hacer mella en la calidad del campeonísimo. Que una vez más demostraría que él domaría a la máquina y no al contrario. Que el 46 pasaría primero por la línea de meta de nuevo. Así me hice una pregunta, ¿cuán sorprendente sería que Il dottore ganara y dominara la primera carrera? Vaya por delante el gran logro que supondría hacerlo pero en este caso ese honor ya lo ha conseguido otro antes; Don Troy Bayliss.

Pero éste australiano no es sólo eso. Mandó al traste todas esos pensamientos que tenemos en la cabeza cuando pensamos que ya somos demasiado viejos para algo, que si no te dedicas a ello desde que tienes tres años no llegarás a ninguna parte. Se encargó de acabar con todo y de poner por encima de cualquier reto su talento y las ganas de ganar para ser el mejor del mundo. Su historia es un capricho del destino, de la casualidad y ha pasado a la posteridad siempre ligada a una fábrica; Ducati.

De la Monkey bike a la Desmosedici

Hace 41 años el mundo dio la bienvenida a Troy en Taree, una pequeña ciudad de poco más de 16.000 habitantes en la actualidad de Nueva Gales del Sur, Australia. Fue criado como hijo único en la granja de sus padres donde por primera vez se subiría a una moto cuando Warren, su padre, le regaló una Monkey bike cuando el pequeño había vivido diez primaveras.

Regalo que se convertiría en su favorito en tiempo récord. En poco tiempo pasó de marcar la vuelta rápida de la puerta de casa a la de la granja a recorrer con su padre, con más empeño que medios, los circuitos de motocross y dirt track de la zona.

Sin embargo, unos años más tarde, ya en la adolescencia, el mundo del motor dejó de ser su principal preocupación. Comenzó a pasar más tiempo en playa haciendo surf y pronto el ciclismo en todas sus modalidades ocupó el hueco dejado por las motos. Su vida continuó, conoció a la que sería su futura esposa y comenzó a trabajar de aprendiz de pintor con aerosol. Para ir al trabajo utilizaba, como no, una bicicleta con la que pasaba cada día por delante del concesionario de motos. El motociclismo llamaba a las puertas de su talento.

Y las abrió de par en par. Troy, con 23 años ya, consiguió una Kawasaki ZX750R con la que se alzó con la victoria en la primera carrera en la que participó. Fruto de los buenos resultados de aquel año decidió invertir todos sus ahorros en tomar parte en el Campeonato Australiano en la categoría 250cc Sport Production. Allí cambió de cilindrada y corrió con la KN1 de dos tiempos.

Después de un buen papel en el campeonato se hizo con un hueco como wildcar en la parrilla del GP de Australia de 1997 en el que, con una Suzuki muy inferior al resto, logró un meritorio sexto puesto. Esto llamó la atención de Darrell Healey, un británico que vio en Troy el piloto perfecto para su nuevo equipo en el BSB, el GSE Ducati. Tras un mal año de caídas y fallos mecánicos el canguro se alzó con el título de campeón en 1999 enfrentándose a gente como Chris Walker.

Llegado a este punto el destino le regaló una pequeña gran oportunidad. Bayliss se encontraba en Estados Unidos dispuesto a demostrar su calidad en el AMA cuando desde Borgo Panigale recibió una llamada que cambiaría su futuro. En la Ronda australiana del Campeonato del Mundo de Superbikes el grandísimo Carl Fogarty había sufrido una caída que le dejaría bastante tiempo alejado de los circuitos y en Italia pensaron en Troy como su mejor sustituto. Como dirían por aquí, el que se fue a Sevilla perdió su silla y 1999 sería la última temporada en la que King Carl fue campeón.

A pesar de todo, Ducati había sabido asegurarse muchas más victorias. En 2001 Troy fue coronado como campeón del mundo de Superbikes habiendo regalado a la afición algunos de los momentos más emocionantes que hayamos podido vivir con motos derivadas de serie. En la siguiente temporada una lesión tras un choque con Rubén Xaus y el cambio de chasis en la 998 le apartó de la primera plaza pero gracias a ello pudimos contemplar el duelo más recordado en el campeonato. Tras el éxito dio el paso lógico para la mayoría de pilotos, MotoGP. Un mundo completamente distinto en el que nunca llegaría a sentirse cómodo pese a conseguir tres podios en su primer año.

El retorno de Troy a SBK

Pasó por Ducati y el equipo Honda Pons con más pena que gloria pero cuando todo parecía ir mal los italianos volvieron confiar en el haciéndole un hueco en el equipo oficial de SBK 2006.

"Lo mejor de todo es que siento que vuelvo a casa… y no me refiero a Australia”.

Bajo el carenado de Xerox Troy Bayliss volvió a ser campeón del mundo. Su vuelta coincidió con el retorno de la igualdad a la pista después de un par de años duros con un dominio aplastante de la 999. El espectáculo había vuelto y el eterno Noriyuki Haga y James Toseland se habían apuntado a la fiesta. Al final de aquella temporada Ducati premió su labor y dejó que corriera en el último GP de MotoGP en Valencia donde pudo quitarse aquella espina clavada con una contundente victoria. Toseland se llevaría el gato al agua 12 meses más tarde mientras la 999 pedía a gritos un aumento a 1200cc por mucho que el australiano se empeñera en demostrar lo contrario en alguna que otra carrera.

Bayliss supo esperar su momento y confió en la marca que tantas esperanzas había puesto en él y en 2008 todo volvió a su cauce natural. Con 38 años dejó a todos claro que por encima de los resultados estaba su pasión por las carreras hasta el punto de caerse en plena lucha con Haga cuando podía ser campeón con una estrategia más defensiva. Así el 21 cobró más sentido que nunca convirtiéndose en el mejor indicador de los campeonatos conseguidos.

Aunque es posible que muchos no estén de acuerdo conmigo, creo sinceramente que Troy Bayliss pudo haberse convertido en el piloto más grande de la historia sino fuera por su tardía incorporación a campeonatos de nivel. ¿Qué hubiera pasado si desde los 15 años hubiera competido en el mundial? El canguro es también el mejor ejemplo de fidelidad a una fábrica, de una relación ejemplar de principio a fin y de la mejor filosofía que se puede tener cuando un piloto se sube a su máquina; la diversión. Su nombre infunde respeto en cualquiera de sus oponentes y se ha escrito con letras doradas en la historia del motociclismo.

Fuentes | Troy Bayliss, Wikipedia
. Fotos vía | Troy Bayliss, Ducati

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