La inspección no es el problema: es el último filtro que evita que auténticas bombas sobre dos ruedas sigan circulando
Hay veces que la ITV parece un simple trámite. Ir, esperar cola, que te sellen el papel y listo. Pero basta con asomarse a lo que ven a diario los inspectores para entender que, en muchos casos, es justo lo contrario: el último filtro antes de que una moto en condiciones muy cuestionables siga circulando.
La última recopilación de imágenes realizada por AECA-ITV deja poco margen a la interpretación. No es que sean pequeños descuidos o mantenimientos pospuestos, sino de motos que llegan a inspección con fallos directamente críticos: manetas de freno partidas, neumáticos literalmente al límite o sistemas de frenado con anclajes defectuosos. Elementos básicos que, si fallan, no dan segundas oportunidades.
Cuando frenar deja de ser una garantía
El problema no es menor. En 2025, solo en vías interurbanas, murieron 334 motoristas en España, lo que supone cerca del 25% del total de fallecidos totales, pese a que las motos representan una parte mucho más pequeña del parque móvil. Y ahí es donde el estado del vehículo entra en juego como un factor clave que muchas veces se subestima.
Uno de los puntos más delicados que reflejan estas inspecciones es el sistema de frenado. Se han detectado motos que llegan sin pastillas de freno o con discos en un estado de desgaste extremo. También aparecen hasta pinzas mal fijadas o directamente con anclajes defectuosos.
A eso se suman manetas en mal estado, algunas partidas o con fijaciones tan precarias que podrían soltarse en marcha. No hace falta imaginar demasiado: en una situación de emergencia, perder la capacidad de frenar de forma efectiva es la diferencia entre esquivar un problema o acabar dentro de él.
Hay neumáticos que ya no son ni neumáticos, casi literalmente. Y es que el otro gran protagonista es el contacto con el asfalto. Neumáticos con la banda de rodadura completamente agotada, agrietados o deformados hasta el punto de perder su perfil original.
Claro, eso en una moto, no es un detalle menor. El neumático no solo agarra: define cómo se comporta la moto en curva, cómo responde en mojado y cuánto tarda en detenerse. Cuando ese perfil desaparece o el dibujo deja de existir, la moto cambia por completo; más inestable, menos predecible y mucho más propensa a perder adherencia justo cuando más la necesitas.
A esto se suma el estado de la suspensión. Se han visto amortiguadores mal fijados o con fugas de aceite, algo que no solo afecta a la estabilidad, sino que puede terminar contaminando discos y pastillas de freno. Es decir, un problema arrastra al otro.
No todo se queda en frenos y ruedas, pues también hay casos de espejos no homologados, maletas instaladas sin regularizar o incluso matrículas colocadas en posiciones incorrectas. Detalles que pueden parecer secundarios, pero que forman parte del conjunto de seguridad y de la correcta identificación del vehículo.
Incluso aparecen cuadros de instrumentos con riesgo de desprendimiento o testigos encendidos que indican problemas mecánicos que el propietario ha decidido ignorar. Digamos que no son fallos puntuales, sino absoluta dejadez.
El problema no es la ITV, es lo que llega a ella… Y es que la lectura de fondo es bastante clara. La ITV no es el problema ni la barrera incómoda que muchos ven; es el momento en el que afloran meses (o años) de mantenimiento inexistente. Porque, sin ir más lejos, una moto no pasa de estar bien a tener la maneta partida o el neumático destruido de un día para otro. Es un proceso progresivo que el usuario decide no atajar hasta que no queda más remedio.
Sobra decirlo, pero por si acaso… En vehículos de dos ruedas, donde no hay carrocería que te proteja, ese margen de error es mínimo.
Imágenes | AECA-ITV
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