El caso evidencia el deterioro de las carreteras y un problema estructural que va más allá de Italia
Hay historias que parecen un chiste malo, pero son verdad. Muy de verdad, hasta el punto de que ya no hacen tanta gracia. Lo de las carreteras en mal estado en España no es solo cuestión de aquí; en Italia lleva tiempo siendo un gran problema.
Si en España un centenar de vecinos cántabros se pusieron a arreglar la carretera por su propia mano, en Italia han puesto a un cura a tapar los baches, y no es una metáfora.
La imagen de un párroco arreglando el asfalto en Italia refleja un problema más profundo
En un pequeño pueblo siciliano, Carmelo Carvello ha decidido no esperar a que llegue ninguna solución oficial de presupuesto, ni licitación, ni milagro. Directamente, pala en mano, el sacerdote se ha puesto a reparar el asfalto de la carretera principal que da acceso a su localidad.
El lugar se encuentra en Santa Rita, en la provincia de Caltanissetta. La escena fue grabada y difundida en redes, y es bastante elocuente: el párroco, inconfundible, arregla la carretera porque nadie más es capaz de hacerlo, critica.
La lectura no es tanto la acción en sí, que también, sino lo que representa. Detrás de la imagen hay un problema más que estructural, y que, paradójicamente, es aplicable también a nuestro país. Un problema que no es puntual ni aislado, sino recurrente: infraestructuras deterioradas, mantenimiento insuficiente y una sensación bastante extendida de abandono.
Tras la viralización del vídeo, ha sido el propio párroco quien ha tenido que salir a comentar la jugada, y ha dejado claro que no se trata de una acción reivindicativa, sino práctica. Según explica, muchos vecinos llevan tiempo quejándose de las dificultades para acceder al pueblo. No solo por incomodidad, sino por algo más tangible como daños en vehículos, pinchazos constantes y, en algunos casos, facturas que superan los 1.000 euros.
Más allá de eso, el problema estructural llega hasta el punto de que los comercios pierden clientes, desplazamientos que se complican y una carretera que, siendo básica, se convierte en un problema. El gesto, dice, es mucho más “pastoral que político”, pero también “significativo”, espera.
Lo de este sacerdote no deja de ser una anécdota llamativa, pero funciona como espejo de algo mucho más grande; el deterioro de las carreteras no es exclusivo de Italia. En otros países europeos, incluida España, el debate sobre el estado de la red viaria lleva tiempo encima de la mesa, y la diferencia es que no siempre se ve de una forma tan gráfica.
Cuando alguien ajeno a la administración acaba haciendo el trabajo que debería estar cubierto por servicios públicos, la pregunta ya no es solo qué está pasando, sino cuánto tiempo lleva pasando. Que se lo pregunten a estos cien vecinos de Cantabria.
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