El mítico Vespino cumple 50 años, el ciclomotor 100% español que se viralizó a finales del siglo XX

Si tienes cierta afición por las motos (o no) seguro que hay un nombre que te suena como una entidad propia y el culpable de que muchos de los aquí presentes diéramos nuestros primeros pasos moteros. El mítico Vespino cumple este 2018 nada menos que medio siglo y, aunque su leyenda quede ahora lejana, su legado continuará por muchos años.

Por que si de algo estamos seguros es de que el Vespino fue la cuna en la que los moteros españoles crecieron durante varias generaciones, aprendiendo a montar en moto y a despertar la afición por las dos ruedas en nuestro país.

Vespino: patente española y fabricación en Madrid

Se trataba (y aún se trata porque sigue habiendo unidades en circulación) de un modelo tan simple como efectivo. El summum absoluto de la socialización de las motos y un símbolo de libertad para muchos jóvenes que empezaban a hacer sus pinitos sobre dos ruedas. Era el ciclomotor español por antonomasia.

La patente española comenzó su producción en Madrid bajo el paraguas de Moto Vespa (actual Grupo Piaggio) en 1968. El Instituto Nacional de Industria parió en la calle Juan Camarillo un pequeño ciclomotor con motor monocilíndrico de 49 centímetros cúbicos refrigerado por aire que reunía todas las características necesarias para convertirse en una leyenda.

El Vespino fue el primer ciclomotor que se convirtió en viral entre los jóvenes, y los no tan jóvenes que necesitaban un medio de transporte asequible

Era muy compacto, fácil de utilizar gracias a su transmisión por variador continuo, ligero, tenía pedales para usarlo sin arrancar el motor y una pequeña plataforma sobre su escueto chasis tubular de acero. El asiento era alargado con espacio de sobra para dos ocupantes, las suspensiones eran convencionales y los frenos de tambor en ambos ejes.

Por encima de todas sus virtudes técnicas se encontraban las económicas, con un precio de adquisición relativamente asequible y un coste de mantenimiento absolutamente irrisorio. Para colmo se trataba de una mecánica fiable como pocas, sólo fue una cuestión de tiempo que se viralizase entre los jóvenes de los años '70.

Su éxito fue tan rotundo que a medida que pasaban los años Piaggio sólo introducía ligeras variaciones en su concepto sumando hasta dos decenas de modelos diferentes, todos fieles al concepto original. En total fueron más de tres décadas las que el Vespino se mantuvo en producción, y durante muchos de esos años se postuló como líder de ventas indiscutible.

Técnicamente no es que se revolucionase con el paso del tiempo. Al margen de las variaciones estéticas, las mayores novedades vinieron de la mano de la admisión por láminas en los modelos AL y ALX en detrimento de las válvulas rotativas y la sustitución de las preciosas llantas de radios originales por llantas de aleación en favor de una mayor durabilidad, cambiando de paso el diámetro de la rueda delantera de 18 a 17 pulgadas.

El más avanzado de todos fue el Vespino F9 Fast Rider, que contaba con la carrocería más elaborada, pero además incorporaba de serie engrase separado, arranque eléctrico y freno de disco en el eje delantero. Posteriormente llegó la versión F-18 con una estética sensiblemente modernizada, aunque ya en declive contra los cada vez más populares scooter.

Finalmente Piaggio decidió cerrar la fábrica y acabar con la producción del modelo a finales del siglo XX, pero la cadena de montaje siguió funcionando hasta el año 2000 aprovechando los acuerdos para motorizar a los repartidores de Correos y Telepizza.

El legado del Vespino

Sólo los más modernos scooter llevaron a Piaggio a decidir que el Vespino no era competitivo después de 32 años de éxitos

Lo que sí hay que reconocerle al Vespino es que aunque no innovó, sí se convirtió en un perfecto laboratorio rodante con el que todos en mayor o menor medida aprendimos a tocar la mecánica. Malossi, Polini, Metrakit, Tabi, Dellorto... Innumerables marcas hicieron su agosto gracias al Vespino y a sus propietarios que buscaban las máximas prestaciones.

Entre su popularidad y lo práctico que resultaba para cualquier usuario, el Vespino se ganó el cariño de toda la sociedad hasta el punto de disputarse incluso a día de hoy carreras con estos pequeños ciclomotores, tanto sobre asfalto en circuitos urbanos como en pistas de tierra con neumáticos de tacos y la única premisa de pasárselo bien, como en la concentración anual de La Bañeza donde se recuerda a estos icónicos ciclomotores.

Hoy por hoy, el Vespino se ha vuelto un objeto de coleccionistas y defensores de la historia motociclista española, convirtiéndose en un objeto sumamente codiciado, especialmente la primera versión de 1968, aunque 50 años después de su nacimiento es difícil encontrar versiones sin modificar y/o en buen estado.

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