
Mientras Europa debate su papel en el nuevo orden mundial, Marruecos sigue reforzando una alianza que le ha abierto importantes puertas diplomáticas
A juzgar por ciertos movimientos, unos podrían parecer anecdóticos, pero otros, vistos con perspectiva, significan mucho más. Pues que Marruecos haya decidido bautizar una de sus mayores infraestructuras con el nombre de Donald Trump podría parecer una muestra de cortesía diplomática, pero qué va.
El cambio de nombre de una autopista de más de 1.000 kilómetros esconde una estrategia internacional que tiene que ver con Estados Unidos.
Una carretera que representa mucho más que una gran obra pública
El hecho es que desde hace una semana aproximadamente existe la Autopista Presidente Donald J. Trump, pero la verdadera historia es la de que Marruecos lleva décadas cultivando una relación privilegiada con Estados Unidos, convirtiéndola en una de las piezas fundamentales de su política exterior.
Ahora ya la autopista renombrada Tiznit-Dajla recorre unos 1.055 kilómetros atravesando el sur de Marruecos hasta llegar a Dajla, en el Sáhara Occidental. Es algo más que una autopista, algo mucho más importante: una infraestructura estratégica diseñada para comunicaciones comercio y conectar las inversiones con Rabat.
El caso es que la obra, valorada en 1.000 millones de dólares es parte de un ambicioso plan de Marruecos para hacer de puente entre Europa y África.
Lo que pasa es que en los últimos días ha saltado la noticia: Donald Trump fue el primero en anunciar públicamente que llevaría su nombre, agradeciendo personalmente al rey Mohamed VI el homenaje antes incluso de que las autoridades marroquíes realizaran una comunicación oficial.
Trump
Claro que el gesto no veine de la nada, sino que Marruecos fue el primer país que reconoció oficialmente la independencia de Estados Unidos, allá por 1777. Apenas unos años después, en 1786, ambos firmaban un Tratado de Paz y Amistad que sigue considerándose la relación diplomática ininterrumpida más antigua que mantiene Estados Unidos.
Evidentemente, durante todo este tiempo han vivido todo tipo de altibajos. Pero la llegada de Trump al poder ha reforzado la posición entre ambos países... La mejor muestra llegó en 2020, cuando EE.UU reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, una decisión que supuso una enorme victoria diplomática para Rabat.
Más allá de ese símbolo político, la autopista desempeña un papel esencial dentro del modelo económico de Marruecos; la carretera enlaza con el futuro puerto de Dajla Atlántico, una de las mayores inversiones logísticas.
Ahora bien, que esa infraestructura lleve ahora el nombre de Donald Trump tiene una evidente dimensión política. Al mismo tiempo, el episodio vuelve a demostrar hasta qué punto Marruecos utiliza grandes proyectos de infraestructuras como herramientas de proyección internacional y diplomática, mucho más allá de su utilidad para el transporte.
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