Más que una aventura, una batalla diaria contra la mecánica en África con un objetivo claro: terminar lo empezado y alcanzar Dakar
Suena surrealista, pero alguien lo está haciendo: viajar de España a Mauritania (y no es el destino final) en Vespino. Alguien está en ello, y no solo eso, sino que tiene previsto llegar a Dakar... En Vespino, sí.
Detrás de esta historia está uno de esos creadores que han convertido YouTube en un campo de pruebas, mezclando aventura, mecánica y bastante inconsciencia bien entendida. Su proyecto es tan simple como ambicioso: cruzar desde España hasta África Occidental con un ciclomotor de otra generación, documentándolo todo por el camino. Sin asistencia, sin equipo y con lo justo para ir tirando.
La aventura sigue rumbo a Dakar entre averías y pura supervivencia
La ruta no tiene misterio sobre el mapa, pero sí mucha miga en la realidad: bajar desde España, cruzar Marruecos, adentrarse en el Sáhara y plantarse en Mauritania con una moto que, sobre el papel, no está pensada para nada de eso... Ni para nada que no sea darse una vuelta por la playa o ir a por el pan; es un Vespino... Y aun así, lo ha conseguido. Ahora mismo está en Nuakchot, en Mauritania, con el siguiente objetivo claro: seguir bajando hasta Dakar, Senegal.
Lo que pasa es que el viaje no está siendo precisamente limpio, sino más bien todo lo contrario... Como nadie podría imaginar. El Vespino ha llegado a este punto al límite, y lo que se encuentra en Mauritania es casi un parte de guerra mecánico: segmentos del motor chafados, uno pegado y otro roto, carburación desajustada y un ralentí que se queda acelerado constantemente… Y eso solo son unos pocos de los problemas que ha ido arrastrando desde que salió desde Madrid, porque la lista es larga (y en cada vídeo, prácticamente, aparece algo distinto).
En esta última aventura, es donde entra el factor local otra vez, que es gran parte del encanto de los viajes. En Nuakchot (recordemos, Mauritania) encuentra un taller de los que funcionan con experiencia y lo que haya a mano. Le meten mano al carburador, revisan lo que pueden y, tras un buen rato, la moto vuelve a arrancar con cierta normalidad. "Va de puta madre ahora", dice Aitor, que parece un tipo bastante directo y social; es parte del encanto de verle en esta aventura.
Pero la alegría dura poco... A los pocos kilómetros, vuelta a los problemas: fallos eléctricos, la moto que se para en mitad de la ciudad y una sensación constante de que cualquier cosa puede romperse en cualquier momento. Pero no es solo este capítulo, es que sucede vídeo tras vídeo, y es parte del encanto.
Mientras tanto, surge una tentación lógica porque en Mauritania descubre motos pequeñas, baratas y diseñadas para ese terreno. Son 125 sencillas, tipo KTM adaptadas al mercado africano, por unos 500 euros. Robustas, con recambios en cualquier sitio y pensadas para sobrevivir donde él está sufriendo.
La idea tiene sentido, más aún cuando ve a otros viajeros cruzando medio mundo con motos así. El planteamiento está claro: dejar el Vespino, empezar desde ahí con algo más fiable y seguir el viaje sin ese estrés constante.
Pero no lo hace porque este viaje no va solo de llegar a Dakar, en Senegal. Va de hacerlo con el Vespino, el mito español de las dos ruedas. Quiere terminar lo que empezó, aunque sea a base de parches, bujías nuevas y soluciones demasiado improvisadas, y es que también es parte del contenido que le está dando a conocer en YouTube.
Entre medias, también hay espacio para una reflexión que baja la aventura a tierra: el dinero. Viajar así no es gratis: entre gasolina, comida y reparaciones la cuenta sigue bajando; "estás todo el día gastando", reconoce.
Aun así, sigue adelante. Porque entre el tráfico caótico, el calor, las averías y las dudas, hay algo que no cambia: la dirección. Desde Nuakchot, todo apunta hacia el sur. Hacia Dakar. Y, sobre todo, hacia completar una de esas historias que, de entrada, suenan imposibles… Hasta que alguien decide hacerlas.
Imágenes | YouTube
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