No es una revolución política, pero sí un cambio real en la movilidad y la seguridad jurídica de miles de mujeres
Durante años, la situación rozaba lo absurdo. En Irán, las mujeres podían comprar una moto, poseerla legalmente y circular con ella… Pero no podían obtener el permiso oficial para conducirla. No existía una prohibición religiosa explícita, ni una ley que vetase de forma directa a las mujeres.
El problema estaba en la letra pequeña: el Código de Circulación, al regular la licencia de moto, hablaba únicamente de hombres. Esa ambigüedad se convirtió en norma. Hasta hoy.
El fin de una prohibición que nunca estuvo escrita, pero siempre se aplicó
Resulta curioso el asunto. El resultado fue un limbo legal que afectaba a la vida diaria de miles de mujeres. Conducían sin carné, sin seguro válido y con el riesgo constante de multas, confiscaciones o indefensión total en caso de accidente. La moto, que en muchas ciudades es la forma más barata y rápida de desplazarse, estaba ahí… Pero no del todo.
Eso cambia ahora. El Gobierno iraní ha aprobado finalmente la expedición de licencias de motocicleta para mujeres, un ajuste regulatorio que pone fin a décadas de bloqueo administrativo y que convierte a Irán en el último país del mundo en eliminar esta restricción.
La medida incluye cursos de formación y exámenes gestionados por mujeres, en línea con el sistema de segregación por género que sigue vigente en otros ámbitos del país. No se trata de una apertura total ni de una reforma profunda del sistema, pero sí de un paso tangible: quien apruebe, tendrá carnet, seguro y cobertura legal.
El trasfondo no es menor. Las autoridades justifican el cambio por motivos prácticos: congestión urbana, economía familiar y eficiencia del transporte. En grandes ciudades, la moto es una herramienta clave para trabajar, estudiar o simplemente moverse sin depender de un coche o de un transporte público saturado. Regularizar su uso no solo reduce conflictos legales, también mejora la seguridad vial.
El valor simbólico, sin embargo, va más allá del tráfico. Durante años, muchas mujeres ya conducían motos de facto, desafiando controles y miradas, normalizando una imagen que oficialmente no existía. La nueva licencia no crea esa realidad, pero la reconoce. Y ese matiz es importante.
No soluciona los problemas estructurales del país ni supone una liberalización generalizada. Pero sí redefine un espacio concreto del día a día: la calle, el trabajo, el desplazamiento. Algo tan simple, y tan potente, como poder subirse a una moto sin estar fuera de la ley. Hasta ayer, existía un lugar en el mundo donde una mujer no podía sacarse el carné de moto. Hoy, ya no.
Imágenes | Ducati
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