Cristian Scaravelli: "Marco no era piloto, era un regalo por su sexto cumpleaños"

Ayer se celebró el funeral de Marco Scaravelli, el niño de 6 años que falleció mientras montaba en minimoto a causa de la mala fortuna. En la puerta de la capilla ardiente de su hijo, Cristian quiso dedicar unas palabras sobre todo lo ocurrido y sobre el eco mediático que había causado la tragedia.

Él mismo quiso confirmar que Marco no era piloto, era un niño muy activo y aficionado a cualquier tipo de deporte. Por su sexto cumpleaños Cristian decidió hacerle un regalo especial, un curso de minimotos. Por desgracia terminó de la peor manera posible.

Marco jugaba al fútbol, al tenis, al baloncesto, le encantaba nadar... No era un piloto bebé, como se ha dicho. Lo cierto es que le regalé un curso de moto de cinco lecciones por su sexto cumpleaños y, al término de la segunda, cuando la moto ya estaba apagada, sucedió la desgracia.

Aquel día hacía un calor bestial y quería evitar tener que empujar la moto hasta la glorieta, que estaba a unos 40 metros. Tiré de la cuerda para volver a encender la moto. Marco saltó y empezó a acelerar. La moto arrancó y él se fue hacia atrás, asustado. Y entonces tiró del acelerador y se puso al máximo. Se tocó con un niño, luego con un obstáculo y se fue directo al suelo contra una puerta de hierro, donde se golpeó la cabeza.

Entonces, Marco se quedó inconsciente y nunca despertó. Tenía un brazo roto y un corte en la pierna. El golpe en la cabeza al principio no parecía muy grave, pero después todo empeoró. El tac dio resultados negativos, la vino la intervención quirúrgica y los doctores diciéndome que podría haber lesiones permanentes. Me le podrían haber devuelto sin piernas y estaría saltando de alegría.

Con estas palabras de Cristian Scaravelli queremos rectificar la información inicial que apuntaba a que el pequeño Marco era un piloto de seis años. Marco era un niño dispuesto a comerse el mundo al que su padre quiso dar lo mejor.

Lejos de cometer cualquier irresponsabilidad, la escuela en la que tomaron parte contaba con todos los permisos, las instalaciones eran las apropiadas y el equipamiento de seguridad ofrecido era completo.

Yo digo que el tobogán de un parque acuático o una bicicleta pueden ser mucho más peligrosos que una minimoto. Especialmente aquél día. Había dos instructores por cada niño, todo el equipamiento de seguridad, la velocidad era mínima y pista segurísima.

Hoy Marco ha estado más generoso que nunca: ha donado sus órganos para que cinco niños puedan sonreír como él.

Un suceso fortuito y puntual

Accidentes pueden ocurrir realizando cualquier actividad, y es cierto que las motos implican un cierto riesgo, pero también es verdad que sucesos como el de Marco son anecdóticos y resultado de casualidades varias casualidades juntas que terminan en un desenlace demasiado triste. Las estadísticas están ahí y se nos antoja bastante complicado encontrar datos para establecer una comparación entre niños fallecidos mientras montaban en moto y cualquier otros deportes.

Otras actividades mucho menos arriesgadas a la vista del público en general tienen unas estadísticas mucho peores, pero quizá hasta las vemos como algo normal. Sin ir más lejos de las abarrotadas piscinas en estos meses de calor, 5.000 menores mueren por ahogamiento en Europa cada verano, siendo el 70% niños menores de seis años.

Volviendo al asfalto, los menores que perdieron la vida en 2015 fueron 20 en total, algo que podríamos tachar (equivocadamente) como asumible teniendo en cuenta los millones de desplazamientos realizados en el periodo de un año. Lo grave de ese dato es que cuatro de esos niños no estaban usando ningún tipo de sistema de retención infantil obligatorio (SRI).

Vía | Corriere Della Sera

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