Una Fireblade, la deportiva japonesa más bestia de Honda, con su motor tetracilíndrico rugiendo a más de 14.000 vueltas… reconvertida en un prototipo eléctrico. Y no como experimento de garaje: la idea es correr las 24 Horas de Le Mans con ella en 2029.
La criatura se llama Sigma Regen LMT01 y ha sido desarrollada por un grupo de estudiantes de la escuela de ingeniería Sigma, en Clermont-Ferrand (Francia). Un equipo joven, sin experiencia en campeonatos de resistencia, pero con una ambición que pone los pelos de punta: ser los primeros en meter una moto 100% eléctrica en la histórica carrera de resistencia.
Correrán con un sistema de baterías de cambio rápido
Para muchos, desmontar una Fireblade para convertirla en una eléctrica puede parecer un crimen contra la velocidad, el buen gusto y la historia del motociclismo. Pero este equipo tiene claro su objetivo: demostrar que el futuro eléctrico también puede ser competitivo en el infierno mecánico de la resistencia.
La Sigma Regen LMT01 ya ha rodado en Le Mans, aunque por ahora solo en una vuelta de exhibición. También ha pasado sus primeras pruebas reales en el circuito de Issoire, al sur de Clermont-Ferrand. No es solo una maqueta: es una moto funcional, viva y rugiendo (en silencio) por hacerse un hueco en la historia.
Pero el camino no será fácil. Lo primero que necesitan son recursos: un millón de euros, ni más ni menos, para poder desarrollar, mantener y hacer competir esta superbike eléctrica a lo largo de 24 horas sin desfallecer. Por eso están buscando patrocinadores y socios que crean en el proyecto y apuesten por el futuro del motorsport sostenible.
Uno de los mayores retos es, cómo no, la batería. Cargarla no es opción en plena carrera. Así que han diseñado un sistema de cambio rápido: en lugar de repostar, se cambiará el falso depósito entero. Una batería agotada fuera, otra cargada dentro. Tan simple en teoría como complejo en práctica. La clave estará en hacerlo con la menor pérdida de tiempo posible y sin comprometer la fiabilidad.
"El objetivo es obtener la batería más ligera posible, que se recargue muy rápido y que necesite cambiarse lo menos posible", explica Sylvain Charlat, profesor de la escuela y mentor del proyecto. En otras palabras, la eterna lucha de la movilidad eléctrica: autonomía, peso y eficiencia.
Y no todo es cuestión de energía. El equipo también está pensando en el impacto medioambiental más allá del motor: "El deporte del motor sufre una imagen negativa. No solo por el motor de combustión, también por el desgaste de piezas como neumáticos o frenos, que generan mucha contaminación", dice Alexis Bosson, líder del proyecto. "Tenemos que explorar nuevas vías si queremos que el motociclismo de competición sobreviva".
La pregunta es la de siempre: ¿sacrilegio o genialidad?
Imágenes | Equipo
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