Stark Future ha pasado de promesa eléctrica a actor dominante en el enduro europeo, con cifras de ventas y cuota que ya ponen contra las cuerdas a los fabricantes
Stark Future ya no juega a ser la promesa exótica de la moto eléctrica. Los números de 2025 la colocan directamente en otra liga. La marca española ha cerrado el ejercicio con una facturación que ronda los 115 millones de euros, un salto del 77% respecto al año anterior.
Esas cifras explican por sí solas por qué en Japón y Europa empiezan a mirar con bastante más atención lo que sale de Barcelona, tal y como recoge Todocircuito.
Una marca española que ya no compite en silencio y empieza a marcar el ritmo en Europa
La clave no está solo en cuánto han vendido, sino en cómo lo han hecho. El último tramo del año fue especialmente contundente, con un crecimiento cercano al 100% en el último trimestre. Ahí se ve que el proyecto ha dejado atrás la fase de experimento para convertirse en una estructura industrial que empieza a escalar de verdad. Y, lo que es más relevante, con señales claras de sostenibilidad: cinco de los últimos nueve meses del año cerraron en positivo, algo poco habitual en una empresa de movilidad eléctrica con apenas ocho años de vida.
Buena parte de este empujón llega de haber salido del nicho puro de motocross. La llegada de la Varg EX y la variante Supermoto ha abierto la puerta a usuarios de enduro y a un uso más amplio, lejos del circuito cerrado. La EX, en particular, ha encajado con fuerza en mercados tradicionalmente conservadores, donde el motor de combustión sigue siendo casi religión.
El caso de Alemania es el más llamativo. Allí, la Varg EX ha alcanzado en 2025 cerca del 50% de la cuota del enduro eléctrico, una cifra que explica por sí sola por qué Stark ya no habla de sobrevivir, sino de atacar. A escala global, la marca se mueve ya en torno al 3% del mercado de enduro, con un objetivo declarado mucho más ambicioso: llegar al 30% en apenas cinco años. Traducido: no quieren convivir con la combustión, quieren disputarle el sitio.
Desde dentro de la compañía lo tienen claro. Anton Wass, fundador y CEO, lo resume con una idea sencilla: cuando una moto eléctrica es mejor que una de gasolina, el cambio llega solo. La estrategia ha sido crecer rápido, mantener el control de costes y construir una cadena de suministro capaz de escalar sin romperse por el camino. Ahora, ese mismo planteamiento quieren llevarlo a categorías de mayor volumen, un mercado global que se mide en decenas de millones de unidades al año.
Para sostener esa expansión hace falta algo más que convicción. A finales de 2025, Stark reforzó su posición financiera con una inyección de 45 millones de euros. Una parte procede del Banco Europeo de Inversiones y otra de una nueva ronda con accionistas ya presentes en el capital. El objetivo es claro: ganar músculo antes de dar el siguiente paso.
Ese paso apunta directamente a bolsa. La compañía trabaja con la vista puesta en una salida a parqué en un plazo de unos tres años, una operación que les permitiría acceder a recursos muy superiores y jugar de tú a tú con fabricantes históricos, tanto japoneses como europeos.
Imágenes | Stark
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