Cosas de Hopper: "El doctor" de Japón

John Hopkins es ese tipo de persona que esté donde esté y sea por lo que sea, llama la atención. Un hombre que llegó a la Categoría Reina allá por 2002 y que –casi–siempre ha sido fiel a Suzuki, el equipo que él mismo considera parte de su familia. Hace casi un año, cuando Hopper tocó fondo tras la última lesión sufrida en el AMA, el californiano comenzó una recuperación física y psicológica que terminó con la confirmación de su vuelta a Europa para correr en el British Superbikes. En ese momento, ya encarando de nuevo su carrera deportiva, decidió abrirse al exterior para contar todo lo que ha estado viviendo.

No obstante, no todo podía ser malo. John tocó el cielo en 2007 consiguiendo un cuarto puesto al final de la temporada llevando aquella prometedora Suzuki GSV-R pero antes de aquel logró pasaron cuatro duros años llenos de anécdotas vividas a lo largo y ancho del globo. No estoy hablando de que se le viera con Alex Hoffman por las discotecas de Valencia las noches previas al Gran Premio sino de ese tipo de cosas que sirven para recordar en un libro pero que te crispan en el momento.

Corría el año 2004 y el californiano estaba a punto de enfrentarse a una carrera en la había conseguido meterse en la primera fila de la parrilla. Sin embargo en la primera curva Loris Capirossi tiraba por tierra todas sus ganas y esperanzas, justo donde Hopper hizo lo mismo la temporada anterior. Pero le costó un buen golpe y la necesidad de volver a casa para recuperarse cuanto antes. Por ello Hopkins se disponía a subir al avión que le llevaba de vuelta a Londres cuando una auxiliar de vuelo se acercó a él para interesarse por su estado, a lo que contestó que se había roto las costillas horas antes. La auxiliar, siguiendo las normas, le comunicó que no podía volar sin el permiso expreso del doctor a su cargo.

La cara de John cambió radicalmente. Los músculos que antes se esforzaban por esbozar la continua sonrisa del americano comenzaron a flojear hasta quedar totalmente relajados. Su cerebro dejo de enviar información, dejó de preocuparse por el cuerpo y se interesó por esa nota del médico hasta que de repente… Ahí estaba la nota médica, sí, justo ahí, en la mesa del hotel de Tokyo en el que se había alojado. Los músculos seguían reblandecidos pero la piel y el sudor ya empezaban a hacer acto de presencia. No es que no apeteciera quedarse en Japón un poco más pero el despiste le podía salir bastante caro.

Pero fue entonces cuando justo detrás de él apareció un hombre japonés, vestido con camisa blanca y con el nudo de la corbata casi deshecho, gafas de pasta y maletín negro que terminaba de dar un toque importante al desaliño dominante. Lo que nadie sabía era que ese aspecto había sido provocado por una sensación muy parecida a la que estaba sintiendo John pues, antes de que el piloto de Suzuki pudiera contestar, aquel señor exclamó:

Claro señorita, ahora mismo le redacto esa nota.

La sorpresa fue mayúscula. No tanto en la azafata como en Hopper, quién comenzaba a recuperar la respiración. Aquel japonés, que resultó ser un comentarista de televisión en Japón, dio la cara y se autoproclamó médico oficial y responsable directo de la salud de John Hopkins. Allí mismo, abrió con cuidado ese maletín que lejos estaba de ser el de un doctor, sacó un folio en blanco y redactó el texto para después firmarlo. "El Doctor" y Hopkins, agradecido, pasaron a ocupar sus asientos. Un largo viaje les esperaba y tras la situación vivida mejor sería dormirse cuanto antes…

…pero unos cuantos minutos después de iniciar el vuelo, cuando "El Doctor" estaba cerrando los ojos, la misma auxiliar acude hasta su posición y le toca el hombro para llamar su atención. De nuevo, el color pálido y los sudores acuden a la llamada del nerviosismo mientras Hopkins ve, unas filas más atrás, la situación. Pronto salen de dudas:

Oiga, doctor, perdone que le moleste pero hay un pasajero ebrio que necesita ayuda médica.

Tras cinco segundos eternos de silencio se levanta, pálido y sudoroso, de su asiento mientras se ajusta el nudo de su corbata y con paso decidido echa una mirada a Hopkins a la vez que busca en el pasillo al susodicho paciente. Gracias a quien fuera, el pasajero se recuperó sin más con un poco de agua y una visita rápida al baño del avión. El resto del viaje transcurrió sin sobresaltos y por fin, tras llegar a Londres, tanto Hopkins como el misterioso comentarista japonés pudieron continuar sus caminos por separado.

Nota: me he tomado la libertad de añadir detalles y conversaciones que realmente no sé si sucedieron pero el hecho en sí es totalmente verídico.

Vía | Matt Roberts Foto vía | Suzuki Racing

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