Toyota estaba tan desesperada porque no lograba hacer motos como las de Honda que inventó algo que iba a cambiar el mundo: el código QR

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Lo que hoy sirve para pagar, acceder a una carta o abrir una web nació para resolver un cuello de botella en las fábricas de Toyota

John Fernández

El código QR… o mejor dicho, el maravilloso código QR; es uno de esos pequeños grandes inventos que cambian la humanidad, el mundo, y casi por accidente. Basta con sacar el móvil para pagar, consultar un menú o descargar una app para recargar la moto o lo que sea.

Pues, curiosamente, es cosa de Toyota. Concretamente, dentro de una fábrica de Toyota. Y aunque hoy nos toca de lejos porque la marca solo fabrica coches, un día hace muchos años también fue una marca de motos, y estuvo a punto de ser el quinto fabricante nipón de motos del mundo.

El QR nació de un juego

Todo empezó a principios de los años ‘90, cuando Denso, que es uno de los principales proveedores de componentes de Toyota, buscaba una forma más eficiente de controlar las miles de piezas que llegaban cada día a las líneas de montaje.

El problema por aquel entonces es que una misma caja podía llevar varios códigos de barras distintos porque cada uno almacenaba muy poca información; los operarios tenían que pasar el lector una y otra vez, y así sucesivamente, hasta registrar todos los datos de un solo paquete. Para la marca eso no era eficiencia, pues perdían mucho tiempo.

Así que Masahiro Hara, uno de los ingenieros de la marca, recibió un encargo muy concreto (y sofisticado): desarrollar un sistema capaz de almacenar mucha más información y que pudiera leerse con un solo escaneo. Y así es como nació el código QR.

Sin embargo, no fue un proceso inmediato, sino que la solución apareció bastante lejos de la fábrica en sí. Fue durante una pausa para comer cuando el ingeniero se puso a jugar al ‘Go’ que muchos conocerán, el juego de estrategia japonés basado en fichas blancas y negras sobre un tablero cuadriculado.

Pues el nipón se dio cuenta de que la distribución de las piezas podía servir también para hacer códigos QR. “¿Por qué no utilizar un patrón bidimensional en lugar de las tradicionales líneas del código de barras?”, pensó, acertadamente. Llamó al sistema “Quick Response”, o QR.

Así que la diferencia respecto a un código de barras convencional era enorme; mientras este apenas podía almacenar unas decenas de caracteres, el nuevo sistema multiplicaba su capacidad hasta varios miles, incluyendo caracteres propios del idioma japonés. Lo mejor de todo es que podía leerse desde cualquier orientación o seguir funcionando a pesar de estar manchado o borrado en parte.

El japonés se lo enseñó a la marca, que aceptó su desarrollo porque encajaba perfectamente con la filosofía de producción de Toyota, ese sistema ‘just in time’ para reducir al mínimo el almacenamiento de piezas y hacer que cada componente llegue exactamente cuando va a utilizarse.

Denso jamás quiso convertir aquello en una tecnología exclusiva; así que decidió liberar las patentes para que llegasen a todos los fabricantes del mundo, y que pudieran utilizarlo sin pagar licencias.

Claro, acabó llegando a todo el mundo… hasta fuera de las fábricas.

Imágenes | Toyota, Felipe Pelaquim

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