Los nuevos propietarios recortan la deuda en 190 millones e inyectan capital para evitar el colapso de la compañía
Sí, un euro. No es una metáfora ni una exageración: Dainese ha cambiado de manos por el precio simbólico de una moneda, después de acumular más de 300 millones de euros en deuda y convertirse en otro ejemplo de lo que pasa cuando los fondos financieros juegan a inflar marcas históricas.
Dainese ya no pertenece a quien la compró soñando con multiplicar su valor, sino a quien llega ahora para apagar un incendio. La histórica firma italiana de equipamiento para motoristas ha sido adquirida por los fondos Arcmont y HPS por un euro simbólico. A cambio, los nuevos propietarios asumen una parte sustancial de la deuda que arrastraba la compañía.
De icono del equipamiento a activo financiero inflado y rescatado a última hora
El problema no estaba en los monos, las chaquetas o los airbags. Estaba en los despachos. Todo arranca en 2014, cuando Lino Dainese, fundador de la marca y sin herederos, vende la empresa (junto a AGV) al fondo Investcorp por 130 millones de euros. Ocho años después, el siguiente movimiento sube la apuesta de forma casi irreal: Carlyle paga alrededor de 630 millones por Dainese, confiando en un crecimiento explosivo, especialmente en Asia.
Ese crecimiento nunca llegó. Las ventas no acompañaron, el negocio no respondió a las previsiones y el precio pagado empezó a pesar como una losa. Amortizar una compra de ese calibre sin el volumen esperado terminó llevando a la empresa a números rojos durante tres ejercicios consecutivos. El resultado: más de 300 millones de euros de deuda acumulada y meses de negociaciones con los acreedores para evitar un escenario mucho peor.
La solución ha pasado por una venta simbólica. Arcmont y HPS toman el control, recortan la deuda en unos 190 millones de euros (dejándola en torno a 140 millones) y se comprometen a inyectar otros 30 millones para reactivar la innovación y estabilizar la compañía. No es una operación de compra clásica: es un rescate financiero con cambio de dueño incluido.
Para los cerca de 1.200 empleados repartidos entre Italia, Rumanía, Túnez y Vietnam, la noticia supone un respiro. La actividad continúa con normalidad, las tiendas siguen abiertas y, al menos sobre el papel, no hay cambios inmediatos en el día a día de la marca. Otra cosa es lo que ocurra a medio plazo.
El caso de Dainese vuelve a poner sobre la mesa un patrón cada vez más habitual en el sector: marcas con un valor industrial y simbólico enorme utilizadas como activos financieros, infladas a golpe de expectativas y devueltas al mercado cuando las cuentas dejan de cuadrar. Esta vez, el precio final ha sido de un euro. El coste real, cientos de millones y varios años perdidos.
Porque cuando una empresa así se vende por una moneda, lo que se está comprando no es la marca. Es el problema.
Imágenes | Dainese
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