
El otro día, mientras volvía a casa de una reunión del Scooter Club andaba medio picado con un chaval de un scooter de 50 cc de esos trucados hasta las orejas. Y digo medio picado porque me estaba dando un repaso interesante con su molinillo hasta que tras salir de un semáforo, que da acceso a una plaza que hay que circunvalar, nos tropezamos en medio del carril por el que íbamos un enorme reguero de arena. Reguero de esos como el que forman los bomberos cuando tapan otro reguero de aceite muchísimo más peligroso en la calzada. No se si el chaval del scooter cortó al ver el panorama porque yo si que lo hice y me quedé atrás maldiciendo al culpable de semejante tropelía en medio de la calle.
Por suerte no me caí, cosas que tiene el auto-save que te dan los años y haber caído unas cuantas veces por cosas similares. Pero en esos momentos te quedas pensando en quién será el que ha hecho un estropicio de este calibre que prácticamente daba la vuelta a la plaza (y no es pequeña) Al final me paré y pude observar que lo que había era simplemente arena, nada de aceite. Todo parecía producto de la “colaboración” de algún camión de esos con las puertas que no encajan y con poco cuidado en el transporte de mercancías.



