
La categoría 250 del Campeonato del Mundo ya es historia. La única categoría que permanecía casi inalterable desde los inicios del campeonato, en un lejano 1949. Llega Moto2 y desaparecen las “marcas” tradicionales así que tendremos que acostumbrarnos a denominar las motos por el creador del chasis, el nombre del equipo o por el nombre del patrocinador (recemos para que no sea así porqué parecerá la liga del baloncesto). No se pueden poner barreras al campo, así que ya están aquí las motos de cuatro tiempos; aunque la verdad es que no me acaba de parecer digno que la gestión de motores parezca más de una copa de promoción que de un Campeonato del Mundo (un solo fabricante de motores y mantenimiento controlado por una empresa única). Pero hoy estamos acá para hablar de la temporada de 250: ya habrá tiempo de hacerlo de moto2.
El año ha sido interesante y ha merecido la pena sentarse a ver las carreras. A veces, mucho más que las de MotoGP. El año ha estado marcado por la inesperada victoria de una Honda en la denominada “Copa Aprilia”. Y es que la regularidad sigue teniendo mucho valor en las carreras de motos, especialmente en un campeonato donde no se descuentan resultados. Aoyama ha hecho una temporada espectacular extrayendo la quinta esencia a su moto, y ha parecido que los pilotos de Aprilia se han puesto de acuerdo en ser irregulares y restarse puntos entre ellos. Un justo ganador que estuvo a punto de tirarlo todo por la borda en Valencia.












