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Pues a pesar del título del post, no voy a hablar de las placas de matrícula. Más bien lo haré de otro tipo de placas que, por desgracia, los amantes de las motos conocemos bien. Todavía no se ha inventado la moto que no se caiga, así que a veces nos toca caer y hacernos daño. Estamos acostumbrados a ver las recuperaciones milagrosas de los pilotos de competición que pocos días después de caerse y operarse vuelven a estar sobre la moto.

Pero los que somos aficionados “de base” vivimos de forma diferente las caídas en moto. Por ejemplo, el miércoles de la semana pasada me operé para retirar la placa que podéis ver en la foto y que llevaba desde hace 3 años en mi hombro derecho. Así que estos días estoy todavía de recuperación sin poder tocar la moto en un par de semanas.

El accidente fue hace tres años. En un viaje en moto por Latinoamérica, estaba entrando en Montevideo (Uruguay) y tuve el “momento tonto”. Circulando en una Africa Twin, me distraje unos segundos buscando una cabina de teléfono y al volver a mirar adelante había un coche parado en plena avenida de varios carriles. La causa: un badén cruzaba la calle de lado a lado. A pesar de clavar los frenos, le di a poca velocidad a un Opel Corsa por detrás. Caí hacia la derecha sobre mi hombro.

Me levanté rápidamente maldiciendo mi fallo: la culpa era evidentemente mía. Los daños materiales eran pocos, pero inmediatamente me di cuenta de que además de las típicas rascadas, me había hecho daño de verdad en el brazo. En un hospital de Montevideo le pusieron nombre: rotura de cabeza de húmero. Me dijeron que la mejor alternativa era regresar a Barcelona y operarme cerca de mi familia.

Al día siguiente volaba a Barcelona y conseguí acceder a Business con puntos Iberia. Coincidió con el segundo día de apertura de la nueva Terminal T4 en Madrid, lo que complicó el cambio de avión en Madrid: ¡acabé pasando uno de los controles en sentido contrario!. En Barcelona me inmovilizaron el brazo y programaron la operación en 10 días en el Hospital de la Vall d’Hebron.

El médico me explicó que me iban a poner una placa en el húmero, pero tras la operación la primera sorpresa fue al ver el tamaño de la cicatriz en mi hombro: unos 25-30 centímetros. La segunda sorpresa fue al ver en la radiografía la cantidad de clavos que sujetaban la placa al hueso: diez. Un mes después me subía de nuevo a la moto y un año después los médicos me dijeron que el hueso estaba soldado.

Pero no sería hasta un par de años más tarde (tres desde que me pusieron la placa), es decir, hace un par de semanas, que me avisaban para operarme el pasado miércoles. Durante estos años no he dejado de ir en moto de todo tipo y hacer un montón de viajes en moto, pero siempre con el respeto que daba pensar que si me volvía a caer en el mismo hombro, los clavos podían haber hecho un verdadero destrozo.

La semana pasada estuve de nuevo el hospital: la anestesia total, la intervención quirúrgica, un par de días ingresado y la larga cicatriz abierta de nuevo. Ahora toca un par de semanas más haciendo “bondad” (a eso le llaman el hecho de no ir en moto) y la placa ya solo será un recuerdo.

Como me han dicho más de una vez: “Los moteros se dividen en dos: los que se han caído y los que se van a caer”. Lo malo es que estar en la primera categoría no excluye de volver a estar en la segunda.

En fin, esta ha sido la historia de la placa de mi hombro.
Ahora espero estar un buen tiempo sin hacerme daño de nuevo…

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