John Britten, el Renacimiento del motociclismo (I)

Síguenos

John Britten

No entendió que se le tachara de poco convencional porque nunca le habían enseñado qué era convencional… Saltarte los límites resulta mucho más sencillo si nunca te los mostraron. “No es posible” no estaba en el diccionario de Britten.

Hace un par de décadas, cuando los faros de las superbikes eran cuadrados y mezclar el violeta con el rosa se consideraba ir a la moda, hubo un hombre que puso patas arriba el mundo de las dos ruedas. Se llamaba John Kenton Britten y su aparición en el panorama internacional torció los cimientos de la historia del motociclismo.

El origen del mito


John Britten

Nació el primero de agosto de 1950 en Christchurch. Durante los primeros años de escuela, esos que pueden desviar toda una vida, se topó con ciertas dificultades de aprendizaje; sufría dislexia. Según el país en que te hubiera tocado vivir sufrir dislexia te podría costar la etiqueta de “tonto” para lo que te restaba de existencia. Bien podría haber tirado la toalla y haberse rendido ante contrariedad pero, con fuerza de voluntad y un grupo de maestros que tiraban de imaginación y vocación – ayudándose de grabadoras y exámenes orales – salió adelante para superar éste y cualquier desafío. Hete aquí, la primera muestra de que la innovación es el camino para la superación. Sobrellevando las dificultades del colegio, John comenzó a construirse sus primeros karts desde muy temprana edad. A los doce años dedicó la paga semanal para hacerse con un pequeño motor de combustión que pocas horas después de ser adquirido ya estaba rugiendo por las calles del barrio de Fendalton.

Un año después John se encontraba pasando las vacaciones de verano en una granja del sur de la isla. Una casa de madera moderna puesta allí por algún británico hacía no demasiado tiempo. Al fondo, la silueta de los valles suavizados por la erosión y una línea de horizonte interrumpida por el pulcro azul del Pacífico. Acompañado por uno de sus mejores amigos de entonces paseaban indiferentes por los alrededores de la finca.

Finca

El sol ya picaba en el cuello y el viento oceánico se metía en los oídos como chivando que algo bueno andaba cerca. El ruido de unas zarzas – no, no estaban en llamas ni hablaba un idioma raro – provocado por la corriente llamó la atención de John y, fijándose un poco más, pudo entrever un rojizo pedazo de metal. Casi invisible. Retirando la maleza hallaron toda una Indian Scout de 1927.

Afortunada ella. Sin tareas que hacer ni colegio al que asistir, el tiempo libre de estos dos abundaba en su calendario – bendito ese sentimiento de no tener ninguna responsabilidad –. Así, una vez transportada en tren hasta su hogar, dedicaron el descanso entre años lectivos para restaurar aquella maravilla de moto.

Fue una muestra del poder que tenían sus manos y del ingenio que guardaba dentro. Las mismas dotes que consiguieron que acabará la escuela en St. Andrew para meterse de lleno en una carrera inspiradora, ingeniería mecánica. Durante cuatro largos años nuestro protagonista asistió a las clases nocturnas de la politécnica de Christchurch pues, de día, ya trabajaba haciendo hornos de vidrio y hormigoneras. Por supuesto, el tiempo libre estaba dedicado a la restauración de vehículos.

Antes de meterse de lleno en el negocio de la construcción pasó varios años trabajando, convirtió una camioneta en una caravana, estudió el movimiento de los pájaros para crear una máquina que imitara sus movimientos para volar y estuvo en Reino Unido una temporada para hacerse cargo de los enlaces entre las autovías M1 y M4. Después llegó el éxito financiero construyendo apartamentos de lujo cerca de Hagley Park en su ciudad natal.

A estas alturas John ya disfrutaba de los circuitos sobre su Ducati, pero lo hacía con la certeza de que podía mejorar su funcionamiento. A pesar de las modificaciones el chasis y el motor aun no estaban a la altura de lo exigido. Así que… se lanzó de cabeza a la creación de una moto desde cero.

em>Continuará… Continúa

Fotos vía | Silodrome, Hollie’s Travel Blog
En Motorpasión Moto | John Britten, el Renacimiento del motociclismo (II)

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

8 comentarios